Absurdo cambio de nombre

José Francisco Socarrás Colina

Por: Carlos Augusto Rojas C.

Cambiar el nombre de una institución educativa por el sólo capricho de cambiarlo, y más cuando el nombre que se elimina es el de un hombre de estudio, de academia, de cultura, de ciencia, es un acto que no habla bien del promotor de la decisión.

Eso acaba de suceder con el nombre de
José Francisco Socarrás Colina, ilustre médico siquiatra y profesor, intelectual puro, con el cual el anterior alcalde de Valledupar, doctor Fredys Socarrás Reales, bautizó un megacolegio para honrar a una persona llena de méritos, cuyo apellido coincide con el del exalcalde aunque no tienen vínculo familiar, cosa que éste desearía.

El actual alcalde decidió cambiar el nombre del colegio, talvez sin saber que se trata de un auténtico exponente de la inteligencia costeña, que se ganó a punta de estudio, investigaciones profundas y lecturas interminables un puesto distinguido en la cultura nacional y del continente a mediados del siglo XX hasta su muerte y aún después de ella.

Probablemente al alcalde no lo ilustraron sus asesores sobre el tamaño del error, o talvez ellos tampoco conocen, por su juventud, la importancia de Socarrás Colina, quien escribió durante muchos años una columna de opinión en el diario El Tiempo, que era fuente de consulta de profesores y estudiantes universitarios.

José Francisco Socarrás Colina fue el maestro de la generación de los normalistas y el ideólogo de la Escuela Normal Superior de Colombia, la institución que se creó para formar a los “maestros de maestros”, llamada en su tiempo, “El Vaticano de la cultura nacional”.

Socarrás imprimió una filosofía de la educación propia para el hombre colombiano, e insistió en la necesidad de métodos de investigación científica aplicables a nuestra propia realidad.

Por lo tanto, su nombre engrandece y da brillo a cualquier colegio, universidad o centro de educación y de cultura. No se equivocó el exalcalde Socarrás al escoger ese nombre para un colegio en Valledupar, con lo cual pagó en parte la deuda que tiene Colombia con uno de sus faros de la sabiduría y de la inteligencia.

Produce vergüenza que yahora esa deuda vuelva a adquirir plenitud con una decisión propia del oscurantismo y de subalternos intereses, independientemente de los merecimientos del nombre adoptado ahora para el colegio, que no es el objetivo de esta nota.

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