Anécdotas que inspiran composiciones de Calixto

Luis-PaterninaPor: Luis Paternina Amaya.

Maestro, filosofo, poeta, cronista, humorista, repentista, practico, músico, enamorado, conversador y quien sabe cuántos calificativos mas se le pueden acuñar al gran Calixto, a quien todo el mundo conoce aun sin nombrar su apellido y que pertenece a una dinastía que los medios, la gente y el conocedor de estos asuntos han denominado de Los Ochoa. Es la talentosa figura que pertenece a la élite de los mejores compositores de Colombia y del mundo hispano y quien se  mueve por la dinámica de un medio cultural único, con un ser humano que interpreta y festeja cuanto de genial pueda envolver un comentario, una idea o una actitud, así como de imaginación se reviste para crear  o inventar situaciones que magnifica en su afán de mitigar el hostigamiento del calor, la inseguridad, la violencia y todo cuanto de adversidad ha contagiado a un pueblo muy alejado, allá en la profundidad de su alma y de sus verdaderas convicciones, de tan nocivos comportamientos que están apagando su ingenuidad, espontaneidad, creatividad, honestidad y esa risa explosiva que tanto exhibe el hombre Caribe sin pedirle permiso a nadie.

En el marco de este escenario nace hace 82 años, que cumple el 14 de Agosto, ese portento de la composición latinoamericana en la población de Valencia,  Departamento del Cesar, donde un día mientras se celebraban las festividades patronales llegó un cura procedente de España a quien llamaron El Padre Pachito, pero que aun sin culminar los oficios religiosos y paganos decidió partir en un camión que, para sorpresa de los feligreses, llevaba de todo, hasta “Los Altares de Valencia”, según comentaba la gente con todas sus reliquias traídas del viejo continente y las figuras de oro que correligionarios locales habían ofrecido a su patrono, algunos afirmaban que ni las campanas se le salvaron. El sacrilegio tuvo su fin cuando una indignada dama avisada de la estratagema del padre arenga a su pueblo que se arremolinó entorno a la plaza principal impidiendo un nuevo despojo de los Españoles que, en cabeza del Padre Pachito, querían hacer otro golpe mása los desafueros que la historia conoce como la colonización, pero que aun no se detienen en su afán de seguir interviniéndonos a través de formas modernas que la libre empresa facilita y las grandes universidades del mundo enseñan apelando a teorías económicas que entran a sacudir nuestro patrimonio con la complacencia de una dirigencia Nacional “sabia”, cómplice también del histórico trauma cultural y económico del que hemos sido objeto.

“Los Altares de Valencia”, esa canción que la gente identifica y pide como el Padre Pachito, fue tan sonada, interpretada y comentada tanto como “La Custodia de Badillo” de Rafael Escalona, que el Cura decide quedarse en Valencia para sortear la afrenta  hasta cuando acude a Calixto para que le devolviera la imagen perdida, además porque el robo se frustró sin que se produjera el daño.  Entonces Calixto en su sensatez y sabiduría convierte el episodio en el ambiente ideal que le acicata la inspiración para rescatar la moral y el prestigio del sacerdote atribulado con una composición que tituló “Perdóneme Padre”, no tan exitosa como la primera porque segundas partes u obligadas respuestas a consagradas obras de la composición, la literatura o el cine no resultan mejor acabadas e impactantes como la que da continuación al tema inconcluso.

“Mata de Caña”, quién no ha bailado con este porro, quién no lo ha tarareado y qué conjunto, banda, orquesta o combo no la ha ejecutado. Es tema obligado de festivales donde se exige la ejecución de este ritmo como si no hubiera otra canción que destrone o se apareje al emblemático porro. Surge la inspiración por un ambiente que circunda al caserío del  mismo nombre, Municipio de Lorica, cerca al Corregimiento El Carito, tierra que parió a Martina La Peligrosa y a su hermana Adriana Lucia. La tranquilidad del Caño Bugre, también conocido como de aguas prietas en contraste con el rio de aguas blancas como igualmente llaman al Rio Sinú, en asocio con la riqueza folclórica del ambiente que lo rodea, hacen explotar la mente del compositor para referirse al sabor costeño porque “así se canta con toda el alma y el corazón”. Por aquella época Calixto vivía en la pequeña vereda componiéndole a cuanta dama cruzaba su camino y a todo lo que se moviera si estremecía las fibras de sus sentimientos.

“Los Sabanales”, descriptiva canción que cabalga sobre una melodía que, al decir de su propio autor, es la mejor de sus obras musicales y al amparo de mis emociones es la que resalta la belleza de nuestras praderas cobijadas por un tapiz verde donde el ganado, el jinete y el animal mostrenco luchan por desafiar la depredación que atenta contra ese paisaje que Calixto lleva hasta la más alta estatura que pueda alcanzar la natural belleza de nuestras tierras con su flora y fauna amenazadas por la desbordada ambición que cierra el cerco cuando esa misma tierra nos reciba para cobrarnos el azote que le dimos removiendo sus entrañas.

Nace esta composición cuando un amigo del autor lo saca de una de las garitas debajo de los palcos que servían de graderías a quienes observaban la fiesta brava de los toros que se “jugaban”, se manteaban y se garrochaban dentro de un inmenso corral que después recibió el nombre de corraleja.  Viajan entonces al municipio de San Benito Abad a continuar la fiesta pero el contraste de sus espejos de aguas donde se mira el cielo que se extiende sobre los sabanales en una simbiosis de colores y aplastante armonía sideral que se complementa con la influencia de la mujer sabanera, siempre presente en la vida del compositor, se produce el parto de esa canción sobre la cual el consagrado escritor y periodista Daniel Samper Pizano lanzó la arriesgada afirmación de que su inspiración se la debe Calixto a una burra.

 

Cuánto atrevimiento en boca de quien no tenía porqué haberse equivocado a semejantes extremos.  Desatino que seguramente se remonta a esa óptica con que nos miran algunos andinos como si por acá es y sigue siendo la compañera del jumento nuestro primer e inolvidable amor, pero que más allá de minimizar la importancia de la canción,ésta se impuso como un clásico de la cultura musical de Colombia.  Siempre aprecié que el humorista, historiador y crítico periodista quiso hacer un chiste de esos a que nos tenía acostumbrado su hermano presidente pero que en nada redujo la trascendencia de “Los Sabanales” como la canción más bailada precisamente por los cachacos.

“Lirio Rojo”, un monumento a la figura literaria, a la sutileza, al dolor por el amor que se marchitó como ese Lirio Rojo que se marchó dejando la tristeza que pone a llorar en compañía de la soledad.  El mínimo esfuerzo nos indica que esta obra la genera una mujer que ha debido ser desconcertantemente bella para despertar la sensibilidad del autor cuando le arranca esos versos que exorcizan la pena que sufre por la partida de esa flor que Calixto jamás quiso que se marchitara.  Tal vez fue su primer gran amor y su primera frustración que al decir de algunas lenguas que conocen mejor a Calixto que yo, le dedica a esa misma dama una seguidilla de composiciones como “El Matrimonio”, “La Sinvergüenza”, “El Divorcio” y “Padre de Familia”, tan universal en sus mensajes como toda su obra musical, no obstante tener un origen parroquial, su influencia desbordó nuestras fronteras para anidarse en otras culturas donde se escuchan como propias porque el dolor y el amor, el éxito y el fracaso, la felicidad y la derrota, la bondad y la maldad, el progreso y el atraso, el humor y la tristeza son propios de toda la humanidad por muy desarrollada o cavernícola que esta fuere.  Categorías como las señaladas son de dominio del grandilocuente autor, fácil para seleccionar la palabra culta y apropiada, el vocablo indígena, la del dialecto desconocido o la que con mucho cuidado estudió nuestro filólogo José CuriLambraño cuando se le dio por bautizar con el nombre de Costeñol, un idioma con toda la barba y que solo manejamos y entendemos los costeños.

No más echemos mano a “El Africano”, canción que compone sin pretensiones distintas a las de divertirse, y que se convierte en un referente obligado ante la incógnitaque, sin resolver, nos ofrece la cotidianidad.  ¿Qué es lo que quiere el negro?, nadie lo sabe.  Misterio que aumenta cuando la respuesta que interpreta el cantante Wilfrido Martínez la explica en un idioma que algunos dicen es africano, otro es la forma de comunicarse el diablo y otros lo comparan con el sánscrito, bien complicado de asimilar y casi imposible de traducir, por eso lo que el negro quiere solo lo sabe Calixto cuya respuesta se la llevará en su partida final, ya que al responder la pregunta a una monja, el maestro le respondió que es reserva del sumario.

Le pregunto a Calixto por qué aparece como coautor Wilfrido Martínez, porque fue quien se inventó la extraña respuesta que canta con un particular estilo y que le da una connotación especial al pegajoso y rítmico sonido musical, lo que le ha permitido recibir la mitad de las significativas regalías hasta hoy giradas a favor de los dos autores.

Haría interminable el presente comentario si me ocupara de la inmensa producción musical de Calixto quien jamás compuso por encargo o por dinero, su debilidad y sometimiento ante las mujeres fue motivo para cantarles a muchas de ellas como Diana, Irene, Marili, Crucita, Martha, La Cazada, La Sanguiguela, Mi Color Moreno, Soy Feliz, Angelito y tantas otras que de manera indirecta las toca para no dejar nunca de ser indiferente ante el Ser más hermoso de la creación divina, según comenta el mismo Calixto.

Detrás de todas estas composiciones aparece como llama que enciende la creatividad, la anécdota, el comentario, el chiste o la palabra oportuna que estimula la fértil imaginación del compositor para lucirse con tan elocuentes canciones ante las cuales la indiferencia no existe.  Así surgieron “Los Gavilanes”, “El Calabacito Alumbrador”, “Remanga”, “El Pirulino”, “Todo es para ti” y una lista que pueda alcanzar las quinientas dentro de las cuales ni la política se escapó, cuando le cantó al Presidente Alfonso López Michelsen con “El Candidato” y con “El Triunfo”, donde vaticina el nombramiento de Pepe Castro como Gobernador del Cesar.

Pero no podía dejar de referirme a tres caracterizadas canciones que dedica con mucho amor y esperanza a su primer hijo para concluir esta referencia al más grande compositor vivo de nuestros tiempos,quien presagió en Calixtico al abogado que nunca fue, al doctor, astronauta y hasta presidente que, desde luego, ni por ahí se asomó, pero si fue la inspiración que su padre tituló como “El Niño Inteligente”, quien aún siendo una criatura en el vientre de su madre ya deletreaba la cartilla abecedario.

“El Retoñito”,  nueva dedicatoria con la cual le sigue cantando para mantener viva la quimérica precocidad que caracterizaría al esperado alumbramiento del genio que se diluyó entre parranda y parranda, donde aprendió el arte de ser feliz, cuando descubrió que con su  eterna y excitante sonrisa enlazaría y seguiría conquistando amigos que lo consideran un eterno enamorado de la vida que, ni aún con esa composición que su mentor llamó “Ya Nació el Niño”, para aterrizar la fantasía que su corazón había fabricado como lo hubiera podido hacer cualquier padre cuando la cigüeña le anuncia el advenimiento de su primer retoñito no menos inteligente y esperanzador para asegurar el futuro de una familia, pudo doblegar al niño que seleccionó su modus vivendi sin haber llegado a ser un acordeonista y compositor sobresaliente,ni un científico, ni siquiera un fuera de serie en materia alguna, lo suyo ha sido la convivencia sin sobresaltos que matiza con la vocalización de todos los temas costumbristas y humorísticos de su padre y la inmensa satisfacción que le produce ese vínculo de ser hijo del último juglar que queda y del más universal de los compositores colombianos, llamado a permanecer vigente por su descendencia que lidera Rolando Ochoa con Cesar y su pequeño hijo Cesar David de apenas 10 años que se insinúa como el nieto que seguirá enalteciendo la dinastía Ochoa para que el legado del inmenso Calixto se perpetúe aunque se someta a la evolución de las generaciones venideras.

  1. Alberto Muñoz Peñaloza 28 septiembre, 2015, 8:57 pm

    Que buen artículo del ilustre sabanero, Dr Luis Paternina, con fuerza notarial. Interesante el recorrido del articulista por el zaguán inspiracional del maestro Calixto Ochoa, ícono de la grandeza creativa de quien nació y creció en su natal Valencia de Jesús pero se nutrió también, cultural y musicalmente, en esa tierra querida que es la sabanera.

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