Carta sin respuesta


fddfsdfgdfgfgPor Carlos Augusto Rojas C.
 
Me sorprendió la carta que el excandidato a la alcaldía de Valledupar, Jaime González Mejía, dirigió al alcalde Augusto Ramírez Uhía, ofreciéndole apoyo en medio de la más terrible crisis en materia de seguridad ciudadana que ha padecido la comunidad vallenata en lo que va corrido del siglo XXI. Hurtos callejeros, atracos en establecimientos comerciales, fleteos, paseos millonarios, asesinatos y otros actos delictivos habían alterado la tranquilidad de los habitantes de Valledupar, que fueron arropados por una ola de terror y desesperanza nunca antes vista por fuera del conflicto armado, que era otra cosa.
 
En el ámbito de buenas prácticas políticas, no es raro que líderes partidistas rodeen al gobernante de turno en momentos cruciales, aunque previamente hayan sido rivales en el campo de batalla electoral. Le brindan apoyo y le hacen sugerencias para ayudarle a resolver los problemas que en circunstancias especiales lo agobian y desvelan. Y eso es bien visto por todos los ciudadanos, que empiezan a sentir un aire nuevo y un ambiente de esperanza derivado de una clase dirigente que camina para el mismo lado en procura del bienestar de todos. Actitudes de ese tipo son comunes en el ámbito de buenas prácticas políticas, repito. No en escenarios donde impera la politiquería, las malas maneras y los intereses de poca monta.
 
En su oportuna misiva, González Mejía se puso a las órdenes del alcalde Ramírez Uhía, como un humilde soldado teniendo rango de coronel, y le propuso la conformación de un Frente Común por Valledupar para hacerle frente al flagelo de la inseguridad. La carta la conoce mucha gente, y por ello no es necesario abundar en su contenido, que por cierto no es el objetivo de este artículo.
 
Lo que inspira estas líneas es el desplante del alcalde, que no solamente no se dignó responder oficial y públicamente la carta sino que no hizo convocatoria alguna: prefiriò seguir el camino con los amigos que lo ayudaron a elegir, que son los mismos con los que está gobernando, y eso es legítimo, es decir los mismos que lo han hecho meter la pata en más de una ocasión en el corto lapso de cinco meses y medio.
 
Es como si no hubiera recibido la carta, o como si habiéndola recibido no la hubiera leído, o como si habiéndola recibido y leído, no le hubiera importado. La correspondencia recibida en los despachos oficiales debe ser respondida, si no es posible directamente por el destinatario, por lo menos por alguno de sus asesores. Y con mayor razón si se trata de una carta generosa, escrita con desprendimiento y sin cálculo alguno, sólo con la intención de colaborarle al alcalde para que nuestra hermosa ciudad vuelva a ser el ¨mejor vividero del país¨ como la calificaba el expresidente López Michelsen.
 
Las buenas maneras y la cortesía en el entorno del poder, así sea el poder local, son fundamentales para que fluyan mejor las relaciones entre todos los actores de la agenda pública y para dar ejemplo a los gobernados. Además, el protocolo luce en todas partes, y eso se puede aprender. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.