Cristy Dangond: una historia de ciencia y fe

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La niña Cristy Dangond Lacouture, su madre Mónica Lacouture de Dangond, saludando al Papa Francisco. El padre de Cristy es el médico y compositor vallenato Fernando Dangond Castro.

De las llamas del infierno a la misericordia de Dios.

El comienzo lo podemos situar en agosto del 2012. Fernando Dangond Castro viajó a Jordania como parte de un trabajo en grupo del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), donde cursaba una maestría. Como estaba relativamente cerca, aprovechó y visitó Jerusalén, como turista. “Fui a muchos sitios santos, y le oré a Dios, pero todo el tiempo la pasé cuestionando si los milagros de Jesús que narraba la Biblia habían ocurrido de verdad”. Fernando reconoce que muchos años de estudio y dedicación a la medicina y la ciencia le habían apartado de Dios: “Había crecido mi escepticismo”.

Cuatro meses después su escepticismo se pondría a prueba. El 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, tuvo que llevar a su hija de seis años, Cristina, a la zona de Urgencias del Hospital de Niños de Boston, por un fuerte dolor de cabeza. Cristina tenía un cáncer metastásico: “Se originaba en el toráx como una grandísima lesión, pero además cursaba con ocho lesiones adicionales en el cráneo, e invasión de las vértebras. Tenía un gran derrame pleural y colapso del pulmón izquierdo. Le daban semanas de vida. Como padre, sentí que me habían arrojado a las llamas del infierno, y que no tenía salida, por la angustia, el terror, el dolor y la impotencia que me causaba esta situación”.

Después de tres días de hospitalización, el pronóstico era desalentador. El examen de médula ósea mostraba que el 75% de las células en los huesos eran de cáncer. “Mónica -mi esposa- y yo decidimos que íbamos a confiar sólo en las estadísticas de Dios, no las humanas”, cuenta Fernando.

Solo faltaba un examen, la escanografía ósea. Los médicos le aseguraron que el resultado no iba a ser bueno. Empezaron el procedimiento y, de repente, su esposa se le acercó para decirle:
“No me vas a creer lo que me acaba de pasar. Sentí que cuando oraba al lado de Cristy mi papá me habló y me dijo: ‘No se han equivocado los médicos, Cristina sí tiene cáncer, pero quiero que sepas que ella va a ser un milagro de Dios en el Año de la Fe [2012-2013]. Por ella están intercediendo la Virgen de Guadalupe, Lourdes y Milagrosa, Santa Bernardita, Santa Filomena, Sor Teresa de Calcuta y otros santos. Dile a Fernando que él no pudo haber hecho nada por salvarme. Yo morí para poder estar hoy al lado de Cristina cuidándola, y al otro lado de ella también está el papá de Fernando. Cristina va a atraer mucha gente para que vuelvan a orar y se acerquen a Dios. Dile a Fernando que se acerque contigo adonde Cristina para que oren a Dios’”.

Después de esto, su esposa le preguntó: ”¿Me crees?”. Él le contestó: “Por supuesto, yo creo en Dios, lo que no creo es en cuentos de brujas”.

La niña Cristy Dangond Lacouture, su madre Mónica Lacouture de Dangond, saludando al Papa Francisco. El padre de Cristy es el médico y compositor vallenato Fernando Dangond Castro.

Fernando relata que se aproximaron a Cristina y comenzaron a rezar. A los pocos minutos Mónica, su mujer, le dijo otra vez que había sentido la voz de su padre, que le decía: “Ahora les van a dar una buena noticia”. Acabo la escanografía ósea y el radiólogo, sonriente, entró al cuarto y exclamó: “¡El examen es totalmente normal!”.

Lo interpretaron como una señal de Dios. Fernando, agradecido, empezó a rezar todos los días en agradecimiento por la curación de Cristy. El tratamiento continuó y al mes y medio la revisión de seguimiento mostró que todos los tumores habían desaparecido. Un examen completo a los seis meses no mostraba rastros ni evidencia de cáncer. Los oncólogos reconocieron que nunca habían presenciado una recuperación tan acelerada.

Pero no era el final. Meses después del final del tratamiento, Cristy tuvo una recaída. “Nosotros persistimos en nuestra fe“, afirma Fernando. Otra vez volvieron las quimioterapias, pero nuevamente los tumores desaparecieron. “Esta vez los doctores estaban más asombrados aún, porque en esta etapa es mucho más difícil que los pacientes con esta forma agresiva de cáncer respondan a un segundo ciclo de tratamientos”.

Ahora Cristy sigue una vida normal. “Nunca se atrasó en el colegio, toma clases de tenis, de canto y de teatro, asiste a fiestas con sus amiguitas, y ha viajado con nosotros por todas partes, a pesar de los rigurosos tratamientos de quimioterapia”, cuenta su padre. Él destaca que Cristy es una niña que tiene siempre una sonrisa en sus labios; es una lectora voraz y le va muy bien en el colegio. Pero sobre todo “tiene una fe en Dios pura, sólida e inquebrantable“

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