Crónica de una parranda memorable

Por Neleysis Bolaño Ardila

Quiero salirme un poco del sentido estricto de referirme a emprendimiento e innovación, aunque esta, es para mí una historia que inspira y la inspiración es un factor clave a la hora de emprender.

De niña crecí viendo en la sala de la casa una fotografía en la que mi papá, Nicolás Bolaño Calderón;  está con el mejor escritor de la historia de Colombia y uno de los mejores escritores del mundo y al que años más tarde tendría que irremediablemente admirar después de haber leído varias de sus obras. Recuerdo ver  la foto, escuchar la historia y guardar ese momento, por lo que esto que escribo es un homenaje a ellos y un esfuerzo para no dejar que se borre.

Así pues, quise reconstruirlo, porque a través de mi papá pude sentirme cercana con nuestro escritor y premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez;  aprovechando que estamos en el mes del Idioma y del Festival de la Leyenda Vallenata y aunque todo haya pasado antes de nacer, lo mágico de los recuerdos cuando se cuentan, es que puedes sentirte parte de ellos.

Todo pasaba un día del mes de junio del año 83 en Valledupar, en el marco del Festival, que por esa ocasión se realizó en una fecha distinta al acostumbrado mes de abril, cuando mi papá, con la energía y elocuencia de sus 31 años, logró ser convidado a una reunión en la que estaría el Nobel, por una escritora  con la que coincidió el día anterior en un restaurante.

Todo el país y se podría decir que muchas personas en otros lares del planeta, tenían sus ojos concentrados en lo que pasaba por esos días en Valledupar, pues se contaba con la presencia del recién ganador del Nobel de literatura y quien fue parte del jurado que eligió al Rey Vallenato de esa versión.

Era la casa de una familia influyente en la región, donde se encontraban distintos personajes de importancia nacional e internacional, que incluían al expresidente de Colombia Alfonso López Michelsen,  a compositores, acordeoneros y periodistas.

Mi papá, un compositor que para ese entonces tenía siete canciones grabadas, entró  tímidamente en la casa acompañado por el anfitrión y animado por los personajes que encontró, entre esos al Maestro Emiliano Zuleta, su amigo que estaba al lado del Nobel, recreado tal vez en mi imaginación al mejor estilo de algún personaje de sus obras; recostado en una hamaca en una combinación de sencillez y aureola de un gran intelectual, cuando después de iniciar una conversación amena y plancentera alrededor de la música, que como el mismo Gabo resaltaba “que lo único mejor que la música era hablar de ella”; mi papá tomó la palabra para interpretar una canción de su autoría titulada “Cómo hacer una canción”.

La interpretación sorprendió al Nobel, tanto que pidió escucharla de nuevo, aquella canción relata cómo hacer una canción, algo que se asemeja más a una narrativa costumbrista y no es de extrañarse, pues  el Vallenato se expresa a través de figuras literarias y como lo reconoció Gabo ” Nunca me he cansado de decir que ‘Cien años de soledad’ no es más que un vallenato de trescientas cincuenta páginas”[1]

Cuenta mi padre, aún con mucha exaltación y emoción, que la cantó  varias veces a petición de los presentes y que nuestro Nobel, tuvo palabras de admiración y la reconoció como un taller de didáctica para hablar de la composición musical; configurando así al mejor estilo una parranda Vallenata de aquel momento, un recuerdo que para mi padre y para mí cuando lo escuché, se volvió memorable.

Gracias al folclor Vallenato y a la belleza de la escritura porque ya sea a través de la música o la literatura,  ha permitido que existan muchos momentos así y que sean motivo de inspiración para acercarnos siempre  a lo que soñamos, pues cuando crees en algo y te reconoces bueno en ello, no queda otro remedio que tocar y abrir puertas para llegar donde quieres.

[1] Citada en el libro ‘El mundo según Gabriel García Márquez’.

 

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