El Dr Martínez que yo conocí

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Por: Carlos Augusto Rojas C.

Teníamos que conocernos algún día. En 1977, cuando yo aún era conservador, políticamente hablando, mi paisano Rodrigo Lloreda Caicedo, como presidente del Directorio Nacional, me dio una tarjeta de recomendación dirigida al Contralor General de la República, Aníbal Martínez Zuleta, en busca de un empleo en Bogotá. No pude verlo, y la lagartiada quedó inconclusa.

El 20 de julio de 1996, el Senado de la República eligió a María Cleofe Martínez en una de las vicepresidencias, y por razones que ameritan otro artículo, ella me nombró en el cargo de Secretario Privado. Ese día llegó a Bogotá el dr Martínez provisto de una caja de Old Parr para la celebración en casa de Ismael Contreras, un cercano amigo de ellos. Fue el día en que conocí personalmente a quien siempre traté como dr Martínez o como Gran Jefe, parodiando la expresión que le gustaba a Mao, Gran Timonel.

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Anibal Martinez Zuleta

De ahí en adelante, a lo largo de los 18 años que han transcurrido, fueron muchas las ocasiones en que compartimos minutos y horas, para mi siempre enriquecedores, pues no otra cosa puede ocurrir cuando se tiene la oportunidad de dialogar con alguien inteligente, brillante, lector de libros, bien informado, cargado de vivencias, analista agudo, pensador profundo, buen escritor, en resumen un intelectual.

Sí, el doctor Martínez fue un intelectual y un político. La mayoría de los políticos de hoy en día se resignan a ser solo eso, políticos, pero no preparan sus discursos, no leen, no son hombres de librerías ni de bibliotecas. Cuando salía un nuevo libro, lo encargaba a Bogotá para tenerlo en sus manos recién salido del horno, y lo devoraba como si se tratara del más apetitoso banquete. Para sus escritos, comentarios radiales, discursos, el dr Martínez consultaba libros, diccionarios, verificaba fechas, frases, archivos, documentos, periòdicos viejos, revolcando las nutridas bibliotecas de su oficina y de su residencia.

Había que verlo, por ejemplo, escribiendo prólogos para publicaciones de amigos o la despedida de alguien cercano a sus afectos que partía en el viaje sin retorno. En sus últimos años se había convertido en el prologuista de la tribu y en el orador principal de los actos relevantes en Valledupar. Lo buscaban con afán para esos menesteres, así como lo buscaron antes para que él y doña Ana Julia fueran padrinos de miles de niños y niñas a lo largo y ancho del Cesar, por lo cual tenía compadres y comadres por todas partes.

Como todo intelectual, soltaba en cualquier momento finos apuntes. Hace muchos años me invitó a nadar a hora temprana en las gélidas aguas de su amado río Guatapurí, con esta frase premonitoria: quien se baña en este río se queda para siempre en Valledupar ! Y hace pocas semanas me dijo: como usted ya es vallenato por adopción, solo le falta que se declare oriundo de un barrio de la ciudad, y espero que se declare cañaguatero !

A mi siempre me inspiró gran respeto y admiración. Estoy seguro de que conocí, traté, admiré y le tuve respeto a un hombre grande. “De la triste alcoba todos se salieron, oh qué solos se quedan los muertos” escribió hace muchos años el poeta Cote Lamus, y yo, parodiándolo, digo que con la partida del dr Martínez, mi Gran Jefe, qué solos nos quedamos los vivos.

  1. Excelente comentario de la vida de un gran hombre, amigo, ademas de ser una persona especial, de grandes calidades humanas y espirituales, quienes tuvimos la oportunidad de compartir con el amigo, con ese ser especial, maravilloso, nos identificamos con ese bello escrito que refleja la vida de un hombre grande, inolvidable amigo, que el señor le conceda el descanso eterno. Has logrado describir con tu pluma a ese hombre grande, Anibal Martinez Zuleta.

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  2. jairo teofilo aramendiz tatis 12 diciembre, 2014, 10:10 am

    Indudablemente fuiste un buen amigo para mi gran jefe, solo atino para recordar sus actos de buena fe que siempre plasmo en la sociedad, un acierto el de mi padre cuando me llevo a su grupo siendo un cachorro y desde entonces me encauce por el curso de su ideología. Dios guarde al hombre de multitudes y conserve en nuestras mentes sus dotes de civilización.

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  3. Muy oportuno, y ajustado a la verdad, Del Dr. Aníbal Martínez no sólo los recuerdos, las enseñanzas, también contrariedades… ¡Por Dios Lizzette, mi letra es legible, no hay duda de ello, de lo contrario pregúntale al ilustre Carlos Augusto; sino tengo razón! Entre pasillos, lágrimas y la inmensa sombra de su amado palo de mamón Carlos Augusto me dijo: la taquigrafía no ha pasado de moda: “Mi querida Lizzette, eres una mujer brillante, te admiro, si abres un poco tu sapiencia comprenderás que en el ligero paso que tenemos en la vida, tan solo hemos venido a aprender, y la éxito está en aprender a “desaprender”… Entonces comprendí que el Dr. Martínez tenía una letra hermosa y llena de conocimientos, lo extraño mucho!!!
    Ir al Río Guatapurí, verlo sucio, y mentes necias que viene a eso: a entorpecer el bienestar de la naturaleza, entonces rueda una lágrima solitaria… miro el entorno y le pregunto: ¿Dónde está tu protector? Quien con Oswaldo y Pablo recogieran todo aquello que te envenenaba! ¿Dónde está Aníbal Martínez, quien con ahínco venía a darte los buenos días y te pedía permiso para endulzarse en tus amadas aguas? y el Rio Guatapurí me responde: ¡Quizás hablando con el “Palo e’ Mago… dile venga a asearme, que ya se olvidó de mí! Entonces vienen los lamentos… :'(

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