En Caída Libre

Amylkar-Acosta1Amylkar D. Acosta M[1]

 

Sin vísperas y cuando se especulaba que esta sería la Década de América Latina, se precipitó el fin del largo ciclo de precios altos de los commodities, que por espacio de una década le había permitido a la región crecer por encima del promedio del crecimiento de la economía global y muy por encima de los países desarrollados. Al desacelerarse el crecimiento de las economías emergentes, que se habían convertido en las “aspiradoras” de materias primas, la demanda por estas cayó y con ella también cayeron los precios.

Bien se ha dicho que lo que por agua viene por agua se va: así como el gran apetito por los commodities que despertó el crecimiento del PIB de China por encima del 10% presionó sus precios al alza, ahora cuando su meta de crecimiento no supera el 7% se da la destorcida de los precios de todos ellos. No hay que olvidar que China representa alrededor del 15% del PIB mundial y que por cada punto que deja de crecer la economía china, esta deja de demandarle al resto del mundo US $10.200 millones anualmente, aproximadamente.

Además de la caída de la demanda que trae consigo la desaceleración del crecimiento de la economía global y sobre todo la de los países emergentes, también ha influido en el desplome de los precios la revaluación del dólar, que es la moneda en que se transan la mayor parte de los commodities, empezando por el crudo. Claro que en Colombia esta se ha visto acentuada porque han caído tanto los ingresos por concepto de sus exportaciones, como la entrada de capitales, tanto los de IED como los de Portafolio. La maxidevaluación del peso con respecto al dólar  en los primeros siete meses del año ha sido del orden del 23.5% y en el último año del 56% (¡!).

Otro factor que no deja de influir en la formación de los precios de los commodities es la especulación por parte de los fondos de inversión que, en momentos de crisis, como la que se afrontó desde el 2008, recurren presurosos a refugiarse en los commodities, para luego salir de ellos cuando la dirección en la que soplan los vientos cambia. Los inversionistas especulativos están deshaciéndose de los commodities, como lo sostiene Michael Turek, “los inversionistas están pensando que los productos básicos no son el lugar para estar”.

Lo advirtió oportuna y premonitoriamente Alicia Bárcenas, Secretaria ejecutiva de la CEPAL, refiriéndose a Latinoamérica: “nos convertimos en exportadores de materias primas, volvimos a esquemas que creíamos superados…Así nos será muy difícil dar sostenibilidad a nuestro crecimiento”. Pero nadie le paró bolas. Dicho y hecho, después que la economía de América Latina creció por encima de su promedio histórico y del crecimiento promedio del resto del mundo, ahora es la región del mundo con menor crecimiento, con un anémico 0.5%, que es la más reciente proyección del FMI.

Es claro que hubo imprevisión, al no prever que el boom minero – energético era temporal y por ello no sólo no se preparó al país para la destorcida de los precios, sino que se cayó en el negacionismo al ignorar con terquedad aragonesa el daño que le estaba infligiendo a la economía, particularmente a la industria y la agricultura, la enfermedad holandesa. Por ello estos sectores no han podido reaccionar pese a que la tasa de cambio los favorece.

El Gobierno se ha planteado la ímproba tarea de duplicar las exportaciones no tradicionales distintas a los minero – energéticos en un corto término,  cuando también ellas están cayendo, lastradas por su falta de competitividad. La tarea de diversificar y sofisticar la oferta exportadora, como lo ha aconsejado el Consejo privado de competitividad no se ha hecho y la modernización de la precaria infraestructura del país, aunque ya empezó, toma tiempo. Y, mientras tanto, se tendrá que echar mano de los recursos de regalías ahorrados en el FAE para mantener a flote la inversión regional e impedir que la desaceleración de la economía pase a convertirse en una recesión.

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