Entorno Externo Adverso

Amylkar-Acosta1Amylkar D. Acosta M[1]

A mediados del año pasado, el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, ante los nubarrones que se posaban sobre la economía colombiana, le daba un parte de tranquilidad al país: “la tasa de cambio flexible nos ayuda a estimular las exportaciones y a  sustituir importaciones, por lo que se reduce el déficit en cuenta corriente” y remataba diciendo que “el peso más débil ayudará a la recuperación del crecimiento, llevándolo a su ´velocidad de crucero´ de entre 4.5% y 5% por año”, al tiempo que le apostó a un crecimiento del PIB para el 2015 del 3.5%. Pues nada de lo que él previó pasó, empezando porque el crecimiento del PIB el año pasado cerró en un 3.1%, muy por debajo del 4.6% de 2014. Claro que  para el Ministro Cárdenas, frente al mal de muchos, “si nos comparamos con el resto de Latinoamérica vamos bien”. Dicho coloquialmente, la habíamos sacado barata, porque nos pudo haber ido peor.

2014 y 2015 han sido dos de los tres peores años en el desempeño de la economía colombiana en la última década, afectada por la caída de los precios de los commodities y su demoledor impacto en las finanzas públicas, el desplome de la actividad industrial, la caída del consumo y la inversión privada, el déficit histórico en la cuenta corriente de la balanza de pagos, la devaluación y de contera el encarecimiento del servicio de la deuda externa. De allí que, dados los vientos en contra y el adverso entorno externo, las perspectivas de la economía colombiana sean tan sombrías.

Después de casi una década de revaluación del peso frente al dólar, en el 2015 la moneda colombiana se depreció el 37.2%, rebasando con creces la cotización del deseado “dólar Cárdenas” de los $2.000 el dólar y llegó a rozar los $3.500. Pero el peso “más débil” ni estimuló las exportaciones ni ayudó a la recuperación del crecimiento como se esperaba. Como lo advierte el Presidente de ANALDEX Javier Díaz, “hay dificultades para retomar la senda del crecimiento, cuando uno mira el aprovechamiento de los acuerdos, este no se ha dado en buena medida porque nuestra economía sufrió una revaluación que golpeó el aparato productivo colombiano”.

Según la OMC, las importaciones mundiales se estancaron por completo entre 2010 y comienzos de 2014 y desde entonces hasta la fecha han bajado 14%. Es más, según la OMC, el comercio mundial crecerá en 2016 2.8% y no el 3.9%, que era su anterior cálculo. Y no hay que perder de vista, además, que las dos terceras partes del comercio mundial son manufacturas y sus partes o componentes. De allí que, como lo afirma el ex ministro de comercio Carlos Ronderos, “el mundo que nos queda para ampliar nuestro comercio está relacionado con nuevos productos”, pero que, además, “vayan a mercados que hayan devaluado menos que nosotros”. Y lo corrobora Javier Díaz cuando asevera que “hay una menor demanda por nuestros productos. No basta con que el dólar esté alto para que se disparen las exportaciones y haya una reacción inmediata. Es que no hay mercado y los precios cayeron”, no sólo los de las exportaciones tradicionales sino los de las no tradicionales.

Así las cosas no es de extrañar que el año anterior, según cifras del Banco de la República, el déficit en cuenta corriente de la Balanza de pagos si bien bajó en términos absolutoscon respecto a 2014 US $668 millones, al pasar de US $19.593 millones a US $18.925 millones, dicho déficit equivale al 6.4% del PIB, 1.2 puntos porcentuales más alto que en 2014, contra un déficit histórico del 3%. Esta aparente paradoja se explica por la reducción en dólares del PIB corriente. En lo corrido del año la caída de las exportaciones persiste y registra una disminución del 31%, al pasar de US $6.035 millones FOB para el mismo período en 2015 a US $4.156 millones.

La crisis del sector externo se acentúa aún más con la caída de la inversión extranjera directa, por cuyo concepto entraron al país en 2015 US $11.427 millones, 24.37% menos que en 2014, esto es, una caída de US $3.682.07 millones en sólo un año, siendo el descenso mayor en el sector minero (US $533 millones) y petrolero (3.063 millones), cayendo el 66% y el 25%, respectivamente. La situación, entonces, es preocupante y amerita andar con pies de plomo.

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