Escuela Vallenata de Paz

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Por Carlos Augusto Rojas C.
La Escuela Vallenata de Paz, creada por el alcalde de  Valledupar, Fredys Socarrás Reales, ha sido el tema de los primeros días de agosto, alrededor del cual hemos leído toda clase de opiniones, algunas bien intencionadas y otras inspiradas en una oposición a ciegas contra cualquier cosa que promueva la actual administración municipal, en una temporada electoral que se presta para desfogar pasiones.

primera-escuela-de-paz-en-colombia-(5)Cómo no va a ser interesante que se haya abierto en Valledupar un espacio académico sobre el tema de la paz, con la participación de destacados investigadores y estudiosos de muchos conflictos sociales y políticos en diferentes partes del mundo, como en la antigua Yugoeslavia, que en la década de los años 90 tuvo en vilo a la humanidad entera, o gente que trabajó en el proceso de reconciliación de Surafrica, del cual emergió ese gigante de la historia moderna, Nelson Mandela, o de escritores que acopiaron en libros muchas lecciones tomadas de los procesos de paz de centroamerica, o juristas de talla internacional como el exfiscal de la Audiencia Espanola, Baltasar Garzón, además de expertos nacionales que tienen muchas cosas positivas para enseñarnos en materia de paz.

Apenas se iniciaron los 20 ciclos de este ejercicio intelectual bien bautizado como Escuela Vallenata de Paz, aparecieron los críticos de siempre, que suelen atacar con voracidad y fiereza cualquier cosa nueva que se haga. El argumento es el costo de todas esas jornadas de estudio que dejarán a 1.200 personas habilitadas para ser gestores de paz, en momentos de la historia colombiana en que todos tenemos la esperanza de vivir pacificamente.

El proceso de reconciliación en Suráfrica comenzó con un partido de Rugby promovido por Mandela, que costó mucho dinero. Siempre se ha dicho que la paz cuesta plata, que la reconciliación no es gratis. De modo que cualquier dinero que se invierta en asuntos de paz, es como sembrar semillas que luego dan frutos y cosechas.

Si se revisa con ánimo desprevenido y sin politiquería el presupuesto de la Escuela Vallenata de Paz, se concluye que los mil cuatrocientos millones de pesos se van a utilizar completamente en el cumplimiento del objeto social del contrato. Nadie se va a quedar con un peso, ni siquiera la coordinadora del proyecto, la reconocida politóloga Natalia Springer.

Qué bueno que Valledupar se muestre hoy ante la faz del país y del mundo como promotora de la paz, después de haber sufrido el escarmiento de ser cuna de dos protagonistas antágonicos del conflicto colombiano,  tristemente célebres. El solo hecho de lavar ese oscuro pasado justifica cualquier esfuerzo económico, sin mezquindad, sin visión recortada, con espíritu abierto y con deseos de grandeza.

 Adelante, señor alcalde Fredys Socarrás, con la Escuela Vallenata de Paz, que le ha dado perfiles inmensos a nuestra ciudad, por haber dado el primer paso en todo el país en esta materia. Adelante, alcalde, recuerde las palabra del Quijote: Ladran Sancho, luego cabalgamos.
  1. Rubén Darío carrillo 6 agosto, 2015, 9:12 pm

    Independiente del objeto del contrato lo que mas criticamos es su tipo: de cooperación no fue. Entonces fue directo. Podía hacerse directo si estamos en ley de garantías? Nadie responde al derecho que tenemos los vallenatos a la transparencia en el manejo de sus recursos que con producto de los impuestos.l que pagamos con grandes dificultades. Su defensa debería empezar por aclarar estas inmensas dudas y cuestionamientos.

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    • Gracias por su comentario Rubén Darío. Mi comentario se limita a la conveniencia de un ejercicio como ese, no a los detalles administrativos o burocráticos del contrato, aunque tengo información confiable de que no se financió con los impuestos que pagan los contribuyentes, sino con recursos del gobierno nacional solicitados con ese fin específico.

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