Un grave predicamento (parte 1)

Amylkar-Acosta1Amylkar D. Acosta M[1]

AMENAZA EN CIERNES

La economía colombiana se debate en una verdadera encrucijada, pues concomitantemente con una marcada desaceleración del crecimiento de la economía, desde mediados del año anterior la inflación se ha convertido en la nota predominante. Y en la medida que la Junta directiva del Banco de la República trata de contener la inflación de precios elevando la tasa de interés de intervención, esta medida se convierte en un freno de mano del crecimiento del PIB, desalentando la actividad económica y profundizando la desaceleración.

Y ello se da en momentos en los que la economía global anda de capa caída, las economías emergentes han entrado en barrena y la Latinoamericana en particular, después de ser la estrella rutilante que brillaba con luz propia en el firmamento con crecimientos del PIB del 5%, por segundo año consecutivo sigue en modo recesión. Como lo acota la Secretaria ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcenas, “vemos que, en general, hay un estancamiento. Casi todas las economías se han ido desacelerando y aquellas dependientes de recursos naturales como el petróleo son las que más han sufrido”[2]. Según el FMI, “América Latina no encuentra salida al túnel”[3] y resalta el hecho de que este desplome “no se veía desde la crisis de la deuda de 1982 – 1983”[4]. El lastre mayor que arrastra la economía regional lo constituyen Brasil, Venezuela y Ecuador, con sus economías deprimidas, las cuales entraron a formar parte del que ha dado en llamar el FMI el “club de la tristeza”.

Durante la década 2003 – 2013 la economía Latinoamérica creció en promedio el 4% anual; en el caso de Colombia, el PIB creció por encima de su promedio histórico durante el largo ciclo de precios altos de sus materias primas. Pero, luego vino la destorcida de los precios, de los cuales el último en caer fue el petróleo, que se derrumbaron después de superar la barrera de los US $100 el barril en 2014 hasta bordear los US $30 a comienzos de este año, repuntando recientemente, pero sin rebasar los  US $50. Y, según el Gerente del B de la R José Darío Uribe, una “caída del 40% en el precio del petróleo significa más de 2 puntos del PIB”, he allí una de las causas de la desaceleración del crecimiento del PIB, que se acentúa cada vez más. Después de un crecimiento del PIB del 6.6% en 2011, este se vino en picada hasta el 4% de crecimiento en 2012, tuvo un ligero repunte en 2013 con el 4.9%, para seguir cayendo en el 2014 con el 4% nuevamente, el año anterior el 3.1% y la proyección del Gobierno para el 2016 es de un 3%, asaz difícil de alcanzar. Estamos más cerca del 2.5% que pronostican Fedesarrollo, ANIF y hasta el propio B de la R, que de la ansiada meta gubernamental.

SE CONTRAE LA ECONOMÍA

No sólo la caída de los precios del petróleo y también de su producción contribuyen a la ralentización del crecimiento de la economía colombiana sino la de los demás commodities de los cuales depende, que tienen en China el principal destino de sus exportaciones. Según cálculos del BID, cada punto porcentual de menor crecimiento del PIB del gigante asiático impacta el crecimiento de la economía de América Latina y el Caribe en 0.6 puntos porcentuales. Con la caída de los precios de los commodities, decayó también la afluencia de la inversión extranjera directa, repercutiendo en una reducción del crecimiento potencial de la economía colombiana desde 4.5% anual hasta el rango 3.5% – 4%, situándose en el 3.7%, según el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) que dio a conocer recientemente el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas. Dicho sea de paso, como lo afirma el ex ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, al cotejarlo con el 4.3%  del MFMP de hace apenas un año, “bajar en 0.6 puntos porcentuales la tasa de crecimiento potencial para siempre tiene consecuencias fiscales de enorme calado”[5].

Ahora bien, la inversión productiva en Colombia creció sólo el 3% el año anterior, en contraste con el 12 – 15% de los años anteriores y ello también le resta dinamismo a la economía. Al tiempo que se ha contraído la inversión en maquinaria y equipo de transporte, la construcción de las obras civiles se estancó. Preocupa aún más el hecho de que la tracción de la inversión actualmente no es la de enantes, por ello no se traduce en mayor crecimiento económico al mismo ritmo que lo hacía y de contera la misma se está apalancando con mayor endeudamiento. Ello entraña “un riesgo alto que se materializaría si por alguna causa los flujos de capital hacia el país se redujeran o se detuvieran”[6]. Recordemos que en 1999 la agencia calificadora de riesgo Moody´s le retiró el grado de inversión a la deuda soberana de Colombia en momentos en que el saldo de la misma apenas sí superaba el 40% y en estos momentos, según la Contraloría general, la deuda pública ya supera el 56% (¡!).

Según ANIF, la relación Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF) – ajustada/PIB, después de haber alcanzado el 29% se vino abajo, deteniéndose en el 22%, afectada no solamente por el colapso de la actividad minero-energética y los daños estructurales infligidos por el mismo, sino también a consecuencia de los estragos causados al sector agropecuario y a la industria por la enfermedad holandesa que contrajo la economía colombiana en la cresta de la ola del boom minero – energético. Ahora son los sectores de la construcción de edificaciones, el financiero y, más recientemente, el industrial, gracias a la entrada en operación de REFICAR, los que jalonan el magro crecimiento actual de la economía. Se aspira y se espera que hacia el futuro las obras de infraestructura previstas con la ejecución del ambicioso programa de las 4G le den un renovado impulso, pero para ello hay que esperar hasta el 2018 – 2020, por lo menos.

Por lo pronto, el FMI prevé un anémico crecimiento de la economía global y luego de recortar su pronóstico anterior en 0.2 puntos porcentuales lo ubicó en 3.2%, similar al año anterior. Ello influirá en el comercio mundial que, según sus pronósticos, crecerá el 3.15, ligeramente superior al 2015 que fue del 2.8%. De allí que no sea dable esperar que el sector exportador impulse mayormente el crecimiento del PIB, máxime cuando no obstante que la tasa de cambio que se ha tornado más competitiva gracias a la maxidevaluación de los últimos dos años, no ha mejorado la competitividad de las exportaciones habida cuenta que las divisas de los competidores también se devaluaron. Además, los precios de los commodities siguen a la baja y por ello no es previsible en el corto ni en el mediano plazo mejoren lostérminos de intercambio.

Es difícil, entonces, que la economía colombiana crezca al 3%, como lo proyecta el Gobierno, toda vez que no cuenta con fuentes dinámicas de demanda que sirvan de galvanizador. Tanto la demanda externa como la interna se han debilitado tremendamente; tanto el consumo privado como el gasto público se han visto golpeados últimamente, el primero por el encarecimiento del crédito y por la pérdida del poder adquisitivo y la segunda por la sensible caída de sus ingresos a consecuencia de la crisis del sector minero – energético. Sectores como el agropecuario y el minero se contrajeron en el primer trimestre de este año en -3.1% y -0.9%, respectivamente; por su parte la industria creció en los primeros cinco meses del año 5.8%, pero cuando le sustraemos a REFICAR se reduce a sólo 2.8%.

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