Homenajes a un vallenato ilustre: Adiós a Aníbal Martínez Zuleta

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Autor: Carlos Alberto Maestre Maya.

Con diversos y sentidos homenajes, Valledupar despidió a uno de sus hijos más ilustres: el político y jurista Aníbal Martínez Zuleta. La biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, paradójicamente en el auditorio Consuelo Araujo Noguera, quien fuera su contradictora política, fue el escenario para darle el último adiós a Martínez Zuleta.

Notas de acordeón, versos del Amor-amor, cantos de Rafael Escalona y Gustavo Gutiérrez, algunos discursos en su memoria, entre otros actos, fueron los elementos para rendirle un  merecido homenajes al destacado hombre público, conocido popularmente como el “Negro Grande del Cañaguate”.

Martínez Zuleta falleció, a sus 88 años, el viernes 4 de Octubre, en su Valledupar del alma, después de varias semanas de permanecer enfermo en una Unidad de Cuidados Intensivos de una clínica de la Capital del Cesar y algunos días en su casa, por recomendación de los médicos luego de agotados los recursos científicos para tenerlo con vida. Le sobreviven su esposa Ana Julia Martínez de Martínez y sus hijas: María Cleofe, Ruth, Consuelo y Piedad Martínez Martínez.

Sus honras fúnebres fueron en la Iglesia de la Concepción luego de la ceremonia religiosa, dos de sus nietos hicieron una semblanza de su abuelo a quien describieron como un ser muy cariñoso y familiar. Posteriormente fue sepultado en el Cementerio Central de Valledupar con una masiva asistencia de familiares, amigos y paisanos.

Una vida de servicio público

FOTO-ANIBAL1Abogado de la Universidad Nacional de Colombia, en donde se graduó con tesis laureada, Martínez Zuleta se destacó por dedicarse al derecho penal,  primero, y luego a la política, al servicio público. En efecto, fue Juez de la República en Bogotá, Juez Superior y Juez del Circuito, en Bogotá; Magistrado de la Comisión Nacional de Instrucción Criminal en el gobierno de Alberto Lleras Camargo. Luego, Secretario de Gobierno del Magdalena, Representante a la Cámara por el Magdalena y representante a la Cámara por el Cesar, en varios periodos.

Fue uno de los gestores de la creación del departamento del Cesar, y ponente de la ley que le dio vida al ente territorial en el gobierno de Carlos Lleras, siendo Ministro de Gobierno, Misael Pastrana Borrero. En esta gesta acompañó a José Antonio Murgas, Crispín Villazón y otros dirigentes vallenatos.

Posteriormente, en el gobierno de Alfonso López Michelsen, fue elegido por el Congreso de la República como Contralor General, cargo en el cual fue reelegido y por lo tanto trabajó también fiscalizando al gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala. Eran los tiempos de la Constitución de 1886, cuando el control era previo y general y esto le trabajo muchos problemas a los contralores, incluyendo al propio Martínez Zuleta, cuando alcanzó a enviar mensajes de aspirar a la Presidencia de la República por su partido liberal.

Luego fue elegido por mandato popular Alcalde de Valledupar, donde se destacó por proyectar a la ciudad, recuperar el centro y construir varios colegios y puestos de salud. Acuñó la famosa Valledupar, sorpresa Caribe, para promover la ciudad y su obra de gobierno. Ha sido una de las administraciones más exitosas de la ciudad.

Militó toda su vida en el Partido Liberal, primero estuvo en el Movimiento Revolucionario Liberal acompañando a Lopez Michelsen, quien había sido Gobernador del Cesar. Por el mismo Partido fue Alcalde, pero posteriormente militó en el Partido de la U y al final de sus años en el Centro Democrático al lado del Presidente Álvaro Uribe Vélez, de quien fue amigo personal.

Aunque de estirpe liberal, de “racamandaca”, como decía el mismo, pero muy católico y creyente. Era de la Legión de los Nazarenos y devoto del Santo Ecce Homo de Valledupar. Además de la política, donde se destacó por su elocuente oratoria, también incursionó en el periodismo de opinión a través de la emisora que había montado y fundado: La Voz del Cañaguate.

Era un defensor de las causas populares, defensor de Valledupar, vigilante del Río Guatapurí, al que iba casi todos los días, y defensor de las causas del Cesar y la Región Caribe. Abogó por la conformación de un ente de planeación regional entre el Cesar, la Guajira y el Magdalena, tema sobre el cual escribió varios artículos y hasta un libro.

Era un amante de la música vallenata, que disfrutaba escuchándola y bailándola. Fue mi amigo de Rafael Escalona Martínez, con quien compartía además de sus ideas liberales, la forma alegre y Caribe de ver la vida. Lloró en público cuando murió Rafael Escalona, quien además le alcanzó a componer varias canciones donde lo lanzaba a la Presidencia de la República.

Disfrutaba de la visita de sus hijas y de sus nietos, de quienes estaba pendiente a todo momento. Supo soportar los embates de la vida, cuando perdió a tres de sus hijos.

Estudioso del derecho y la política, al final de sus años, le confesó al periodista Carlos Alberto Maestre, que el cargo en el cual se había sentido pleno y del cual más se sentía orgulloso era cuando fue Juez de la Republica y fue elegido Magistrado de la Comisión Nacional de Instrucción Criminal en la época de Alberto Lleras Camargo, a quien admiraba mucho.  Paz en la tumba del jurista, político, paisano y amigo.

Última entrevista de Aníbal Martínez:

“Mi vida es la historia de una lucha”

dscn9664-e1412429074473Afirmó Aníbal Martínez Zuleta en la que quizás es la última entrevista que concedió el reconocido político vallenato, quien falleció hace pocos días. Estaba en su estudio, consultando libros y papeles, haciéndole el quite a la memoria que ya le comenzaba a jugar una mala pasada y él lo sabía: “Hablemos y me aprovechas” le dijo al periodista Carlos Alberto Maestre, porque ya se me están yendo las cosas.

Sin embargo, era percepción suya, tenía una buena memoria, una gran retentiva para las historias y las anécdotas y sabía dónde abría un paréntesis y donde había que cerrarlo. “Sobre ese tema volvemos después, yo tengo unos documentos, unos papeles, y luego te los doy”.

Aníbal Martínez Zuleta, abogado, político y comentarista radial, había nacido en Valledupar hace 88 años, en un hogar sencillo del barrio Cañaguate, de lo cual se sentía muy orgulloso.

“Yo soy un vallenato de verdad, como dice la canción Compae Chipuco de Chema Gòmez, nací en el Callejón de la Purrututú, en el Cañaguate, el barrio de la clase media de Valledupar en esa época”.

Uno de los grandes

Martínez Zuleta fue uno de los grandes de su generación. Uno de los gestores de la creación del Departamento del Cesar, cuando fue Representante a la Cámara, al lado de José Antonio Murgas, su amigo y hermano, y también de Cripín Villazòn de Armas, Clemente Quintero y muchos otros, en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.

Terminó sus estudios de bachiller en el Liceo Celedón de Santa Marta, cuando pocos de sus paisanos eran bachilleres, como lo cuenta Escalona en su famosa canción. Luego viajó a Bogotá a estudiar Derecho en la Universidad Nacional, en donde estudió becado, gracias a su buen rendimiento, lo que fue una ayuda para su familia, que ya había hecho el esfuerzo de educar a su hermano Manuel Narciso, mèdico que se radicò en la Paz, Cesar. Su tesis sobre el Divorcio en Colombia fue laureada en el Alma Mater del país.

Aníbal Martínez era hijo de Raúl Martìnez Pupo y de Felicia Zuleta Quiroz. “Mi mamá era Quiroz, pero se puso primero el apellido Zuleta. “Yo soy Quiroz, y lo digo con orgullo, está hasta en en El Quijote, “después de Dios la casa de Quiroz”.

“Mi mamá era hija de José María Quiroz y de Cleofe Zuleta Molina. Descendemos de Ciriaca Quiroz Daza y también estamos emparentados con el Presidente Alfonso López Pamarejo, tengo documentos que demuestran eso y hay un estudio del historiador Luis Guerra Bonilla”. Aníbal debió llevar los apellidos Martínez Quiroz.

“Mi papá era un hombre bueno, muy sano, sencillo, muy prudente. Y mi mamá era una mujer muy trabajadora, noble. Pero, debo contar que quien llevaba las riendas de la casa era mi abuela: Cleofe Zuleta Molina.

Valledupar era un aldea…  

“Estudiamos gracias al empeño de mi abuela Cloefe Zuleta, quien no descansó hasta que nos hizo profesionales a mi hermano y a mí. Fuimos los primeros profesionales de la clase media de Valledupar, gracias a ella”. “Era Tupera, vivía con mi mamà y con mi papà y fue la antorcha que nos crió, era una mujer muy trabajadora. Quería que fuéramos profesionales, a como diera lugar”, contaba el doctor Martínez Zuleta.

En el refugio de su biblioteca, Martínez Zuleta nos habló sobre  la Valledupar cuando nació, en la década de los treinta del siglo pasado – había nacido en 1926-. “Valledupar era una aldea, había dos barrios grandes: el Cañaguate y el Cerezo, los demás eran barrios muy pequeños y un solo carro: una chiva a la que nos colgábamos en desorden para pasear por las calles. Yo nací en el callejón de la Purrututú, que era una señora de La Paz, que vendía trago, hacía almojábanas, hacía velas de cebo y era muy trabajadora. Era una persona muy popular.

Tengo muchas anécdotas sobre ella (La Purrututú). Recuerdo una con Crispín Villazón, éramos muy jóvenes y comenzábamos a tomar traguito y entonces Crispín se puso a hablar de Copérnico, sobre los astros y la rotación de la tierra, y una hija de la Purrututu le dijo: Mirá Mamá de lo que están hablando Aníbal y Crispín, de que la tierra da vueltas.

Y ella contestó: vea esas tienen que ser cosas del Maligno, la tierra no da vueltas, o de no como me explican que las tinajas no se caigan…Enseguida nos dijo que: por favor se me van de este sitio*.

El Padre José María Martínez

Mis padres fueron gente muy sencilla. Gente humilde; no tengo ni escudos, ni blasones, ni aristocracia alguna. Mi padre, Raúl Martínez, fue criado por su tía Francisca Martínez de Pupo, casada con Esteban Pupo. Ella era hija del Padre Manuel María Quintín de los Dolores Martínez Rodríguez. De allí vienen muchos de los Martínez de Valledupar.

De allí vienen los Pupo Martínez: Ciro, Enrique, Oscarito y Lucho. Mi papa era primo de ellos. El caso de este Cura no es el único, la mayoría de las familias prestantes de Valledupar proceden de varios curas, que tenían hijos, el celibato era otro problema distinto a la pederastia actual, y además esos sacerdotes podían tener bienes y acumularon muchos bienes.

“Estudiamos con mucho sacrificio, gracias a la perseverancia de mi abuela: Cleofe Zuleta Molina. Mi hermano estudió Medicina y para comprar un libro de anatomía una vez a mi papá le tocó vender una vaca. De ese tamaño eran las cosas”.

Lo demás es historia y parte de ella ya se conoce. Martínez Zuleta estudió becado en la Universidad Nacional, trabajó en el Ministerio de Agricultura en la época de Pedro Castro Monsalvo y luego fue Juez de la República.

Después le picó el gusto por la política, aceptó ser Secretario de Gobierno del Magdalena, desde donde tuvo que enfrentar a su condiscípulo Ignacio “Nacho” Vives, luego Congresista, por el Magdalena, primero, y luego por el Departamento del Cesar. Fue ponente del proyecto de creación de este Departamento.

Luego, fue Contralor General de la República, dos veces, (1974-1978) y entre 1978 y 1982, durante los gobiernos de Alfonso López MIchelsen y Julio Cesar Turbay. Posteriormente, fue Alcalde de Valledupar, el segundo elegido popularmente, y siempre fue un permanente defensor de las ideas liberales, de las causas populares y de su ciudad, de su departamento y de la Región Caribe. Mucha falta le hará a Valledupar y el Cesar, un líder de la talla de Martínez Zuleta. Paz en su tumba.

Juez y Magistrado

Martínez Zuleta estudió parte de su primaria en un colegio ubicado en Minga, en la Sierra Nevada. Era un Internado de un español, institución que tenía fama de buena y severa. Allí,  nació una amista con Ignacio “Nacho” Vives, el reconocido político, y Jaime Gnecco Hernández, destacado médico y diplomático, entre otros jóvenes compañeros que venían de otros pueblos de la Costa.  El Colegio le sirvió para adoptar una disciplina espartana que le serviría toda su vida.

Posteriormente viajó, a Santa Marta, a estudiar el Bachillerato en el reconocido Liceo Celedón, uno de los mejores de la época y toda una institución la Costa Atlántica. En este Colegio se destacó por sus buenos logros académicos y ya comenzó a inclinarse por la política, era la época de la violencia liberal-conservadora, había muchos profesores gaitanistas y en el Colegio eran comunes las huelgas y las protestas contra los gobiernos conservadores. Martínez recordaba esta época con mucho cariño y nostalgia.

Por las limitaciones económicas de la familia no pudo viajar a Bogotá, apenas terminó su bachillerato, sino que se quedó en Valledupar un año. Tiempo durante el cual se dedicó a la parranda y a la bohemia, en la Barra Chueca, como el mismo recordó en esta entrevista*.

Su hermano Narciso ya estudiaba Medicina en Bogotá. Algunos familiares querían que Aníbal también fuera médico, pero el escogió Derecho que era lo que realmente le gustaba. Era dedicado y en esta ocasión también le fue bien. Sólo tuvo que pagar la matrícula del primer semestre, el resto los estudió becado en la Universidad Nacional. Por esa época, trabajó en el Ministerio de Agricultura, siendo ministro su paisano Pedro Castro Monsalvo.

Después de culminar sus estudios, gracias a un profesor que lo apreciaba, el jurista Gustavo Orjuela Hidalgo, fue designado Juez en Vianí, Cundinamarca.

“Era un pueblo bonito y con un clima sano y muy agradable. Ya se había casado con la joven vallenata Ana Julia Martínez.

Luego fue nombrado Juez del Circuito y Juez Superior en Bogotá. En esa época las audiencias eran orales y los buenos penalistas eran, también, era buenos oradores. Le fue muy bien como Juez y se rodeó con personajes como Fernando Londoño Londoño, Luis Carlos Arango Vélez, el abuelo del expresidente Andrés Pastrana Arango, Luis Carlos Pérez, entre otros.

Posteriormente, fue designado por el Presidente Alberto Lleras Camargo, integrante de la Comisión Nacional de Instrucción Criminal, encargada de investigar las actuaciones del gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla. De esta época de la cual guardaba los mejores recuerdos.

Congresista, Contralor y Alcalde

11_en_grave_estado_de_salud_ex_alcalde_martinez_zuletaSe proponía ejercer el Derecho en Valledupar, en la misma oficina de Juan “Juancho” Castro Monsalvo”, quien había sido Prefecto General de la Nación – algo así como Procurador, en la actualidad-, cuando fue nombrado y aceptó la Secretaría de Gobierno del Magdalena, desde donde tuvo que enfrentar a su condiscípulo Ignacio “Nacho” Vives, quien comenzaba a figurar en la política regional y luego en la vida nacional.

Después, Martínez Zuleta fue elegido Representante a la Cámara, por el Magdalena, primero; y luego por el Departamento del Cesar, dignidad a la cual fue reelegido en varios periodos. Fue ponente del proyecto de creación de este Departamento, al lado de José Antonio Murgas Aponte y Crispín Villazón De Armas.

De su paso por el Congreso surgió su postulación para ser Contralor General de la República. Lo fue dos veces, (1974-1978) y entre 1978 y 1982, durante los gobiernos de Alfonso López Michelsen y Julio Cesar Turbay. Modernizó la Contraloría y creó un Colegio para los empleados de la entidad, institución que aún existe y por la cual es muy recordado entre funcionarios y exempleados de la CGR.

Posteriormente, fue Alcalde de Valledupar, el segundo elegido popularmente. Su gestión se destacó por la recuperación del espacio público y el rescate del Centro de la Ciudad. Construyó la Galería Popular, varios Colegios y Centros de Salud. Su gestión es reconocida como una de las mejores de la ciudad en las últimas décadas.

Los últimos años

Anibal-martinezAníbal Martínez fue un permanente defensor de las ideas liberales, de las causas populares y de su ciudad, de su departamento y de la Región Caribe. Tenía un gran sentido del humor, era muy buen conversador y contador de anécdotas.

Era un gran lector y disfrutaba buenos ratos en su biblioteca. Todas las mañanas se leía El PILÓN, diario del cual fue fundador, accionista y apoyador permanente. Leía el diario El Tiempo y las revistas Semana y Enfoque Vallenato. En las últimas semanas estaba leyendo Mandela, una biografía sobre el líder sudafricano y el libro ¿Porqué fracasan las Naciones?., sobre economía política.

Estaba muy pendiente de la emisora que fundó La Voz del Cañaguate, donde tenía un programa de opinión al lado de su amigo y colega, Alfonso Araujo Cotes. Pero también tenía tiempo para estar atento a sus hijas y nietos a quienes les prodigaba mucha atención y cariño.  Mucha falta le hará a Valledupar y al Cesar, un líder de la talla de  Aníbal Martínez Zuleta. Paz en su tumba.

 

Nota: este artículo fue originalmente publicado en la revista Enfoque Vallenato. Lo publicamos aquí con la expresa autorización del autor.

  1. Jaime Francisco Baute Uhía 17 abril, 2015, 2:23 pm

    Excelente resumen de uno de los hombres más ilustres de Valledupar. Siempre sencillo, amante de su barrio Cañahuate y de su río Guatapurí, un excelente togado del derecho, un político que soportó los asedios y las enemistades por el bien de su terruño, que quiso y amó a su Valledupar del alma, como muchas veces lo escuché exclamar y algunas veces me hizo compañía en mi juventud a darle serenatas a mi enamorada con el gran Nicolás Elías, Colacho, Mendoza. Ambos descanse en Paz. Nuestro Señor Jesucristo les haya echo entrega de la Morada que nos prometió iba a separarnos en Su Santo Reino…..amén….amén.

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