“Medianoche”: un gallo de leyenda.

Por: LUCHO PATERNINA AMAYA.

El famoso gallo “Medianoche”

La cita de la población de Sincé es en la gallera para ver pelear el gallo de Don Olimpo dando inicio a las fiestas de la Virgen del Socorro. Como al más engreído y sacando pecho se le veía a “CHARDÓ”, su cuidador y responsable del prestigio de la cuerda, quien, hinchado de orgullo, sabía que, desde la canasta, el ambiente de triunfo dominaría el espíritu de la gallera. Las barras gritaban en coro “Medianoche”, “Medianoche”. Así se llamaba el menudo animal de color azabache, pluma brillante, de postura desafiante hasta erguirse como queriendo alzarse por encima de su diminuta estatura, que, de no ser por el color que exhibía y su altanera actitud, siempre se le hubiese percibido como un pollo incapaz de medírsele en combate a contendor alguno.

Los agudos observadores de la bucólica comunidad comentaban que el haber llegado a la cuerda de los Oliver no fue casualidad. Quiso emular a sus nuevos propietarios al percatarse que en la estatura, nobleza e inteligencia guardaba con ellos mucha relación, pero en cuanto a la agresividad en el combate todo corría por cuenta del gallo, cuya rareza en el plumaje que lo cubría no encajaba en los denominados pintos, cenizos, camaguayes, gallinos, canelos, giros o chinos. Un atractivo que lo hacía único, indefinible, misterioso, especial, sobre todo como cuando con garbo y algo de generosidad combinaba humildad con altivez, valentía con modestia, agresividad con nobleza. Entre describirlo y verlo en el ruedo haciendo lo suyo para morir o vivir, pero, de todas maneras, cargar en su compañía con la muerte porque así lo ordena su naturaleza, se agotan las palabras y algo de la imaginación para dibujar el espectáculo que protagoniza.

“CHARDÓ”, avezado preparador, calzador y correteador, no ocultaba la arrogancia de saberse ganador cualquiera que fuese el rival de “Medianoche”, que, como una flor, adornaba sus ásperas manos que lo envolvía como cuidándolo de que no le hicieran mal de ojo, porque él sabía, que a pesar de que en la gallera no vale rezo sino espuela, solo un acto de brujería enrevesado con inteligibles invocaciones como si vinieran del mismo diablo, podría afectar la decidida voluntad del aguerrido animal que una vez afuera de la canasta  y largado al combate a demostrar su genética, parecía recibir influencias demoniacas que lo inducían a usar la espuela y el pico sin piedad contra el adversario que, ni aun cruzado con guacharaca o aves rapaces, resistía  a la bestia que atacaba con la elegancia, bravura, altivez e implacable agresividad como solo lo hacía “Medianoche que se entusiasmaba con el grito de seguidores mientras al unísono coreaban su nombre. La clase que tenía no sufría ningún deterioro con su espíritu guerrero demostrado hasta para defender a sus gallinas cuando el gavilán envestía a los polluelos encontrándose con una fiera dispuesta a impedir el rapto.

Pero, ¿de dónde salió la pequeña y aparentemente insignificante ave, dueña de tanto pundonor, grandeza y valentía para sortear todos sus combates hasta sorber el dulce veneno de la muerte si fuere necesario? Los cronistas de la región me cuentan que nació en la finca, “Borrachos número 2″ ubicada en las praderas de Sincé, con ascendencia inmediata procedente de su padre “El Castillero”, ejemplar que recibió Don Olimpo Oliver, como un obsequio de Don Nicolas del Castillo, destacado personaje de la sociedad cartagenera, quien a su vez lo había sacado en su criadero de la Ciudad Heroica haciendo cruces con gallos y gallinas españoles y cubanos. Desde entonces y cuando se inicia en la competencia por no tener rival que lo desplumara, con el anuncio de las peleas de “Medianoche”, todo el caribe y aficionados en general abarrotaban los coliseos, donde daba cuenta de sus adversarios, algunos desde el mismo momento del picoteo, y a otros que le resistían más, hasta el golpe certero que ponía termino a la contienda. Precisamente, en una de esas riñas, el enemigo de turno le llevó la pelea pareja hasta el final cuando “Medianoche”, ya cansado y a poco de entregar su fama de invencible, hasta considerarse por algunos que tenía pacto con fuerzas superiores, se alza con un pírrico triunfo porque ese día perdió un ojo. Particularidad ésta que obligó a su propietario y a la afición a reconsiderar el nombre con el cual inicialmente Don Olimpo lo había bautizado con el de “GLORIA” para disfrazar su bravura asociándolo con la dulzura de la mujer, después lo llamaron “Peñaranda” y por ultimo “Medianoche” por su limitada visión, convirtiéndolo por esta circunstancia sobreviniente, en una leyenda hasta alimentar la febril imaginación del caribe, sumándole atractivas características que lo fueron metiendo en la mitología, sobre todo si cantaba o peleaba asistido por las sombras de la noche, como lo hacía el “Centurión de la Noche” quien también afinaba la voz mientras la melodía invadía el ambiente para quedarse en los corazones alegres que se divertían con el fenomenal artista.

Es que” Medianoche” fue un artista del ritual profano y sangriento al que le tocó asistir auspiciado por el hombre que algo de gallo fino posee cuando afronta los desafíos de la vida llevándolos al terreno de la confrontación no exenta de sangre, a pesar de que algunos luchan contra la naturaleza tratando de humanizar al animal que vive o muere porque así lo ha estipulado su genética o designio, dirían los profanos. Es que cómo negar que también el hombre se inventa las guerras dándonos a entender que, sin ellas, la monotonía sería el denominador común de la evolución sin traumas. Sin embargo, no es el hombre mas fino que el gallo fino. Si tuviera su finura, Colombia no arrastrara una suerte de incomprensiones, polarizaciones y desencuentros culturales e ideológicos desde el mismo momento en que pretendemos obtener una nacionalidad que nos identifique, pero que se nos cuela por los intersticios de los dedos como cuando tratamos de retener el agua en nuestras manos.

EL GALLO EN LA LITERATURA, LA MUSICA Y LA PINTURA.

Muchos “Medianoche” han sido exaltados por escritores, compositores, cantantes y pintores. En el caribe se enraizó esta tradición ancestral que provino de Asia, recorrió Europa y los españoles y portugueses la trajeron al Nuevo Mundo que, desde el caribe, se regó por todo el continente americano.

El escritor mexicano Juan Rulfo escribió el guion de la película “El Gallo de Oro”. García Márquez nos cuenta en “Cien años de Soledad “que José Arcadio Buendía dedicaba las horas diurnas al pastoreo de sus gallos de pelea. Uno de los cuales ocasionó la primera muerte en Macondo provocada por el chisme y las ironías que obligaron a que José Arcadio degollara todos sus gallos con la misma lanza con que había degollado a Prudencio Aguilar para que éste no saliera más y descansara en paz. De esta manera ya los gallos no causarían otra muerte en el pueblo. También en “El Coronel no tiene que le escriba”, el escritor de la prosa poética con la cual adornó la realidad casi fantástica que lo rodeó, puso en un gallo de pelea todas las esperanzas de un coronel que, por las tantas guerras perdidas, su destino lo encontró en un gallo porque algún día con un sonoro triunfo espantaría la eterna espera por una carta y la pensión que nunca le llegaron.

Así mismo, el escritor de Toluviejo, Sucre, Alejandro Álvarez irrumpe en la literatura con un cuento costumbrista que título, “Gallera”, inicialmente publicado en el suplemento literario del diario “El Tiempo”, y posteriormente incluido en una antología del cuento colombiano, considerado un clásico cuando de retratar una realidad regional se trata, además del lenguaje usado que no se aparta de la estética visible en la narración contando el complejo mundo que se cita en torno al gallo de pelea con todos los elementos que lo integran.

El compositor vallenato Emiliano Zuleta Baquero en una de sus memorables canciones se asimila con este animal cuando dice que él se sostiene como “El gallo fino, que ya se está muriendo, pero en la agonía, le mete el pico al otro y lo deja tendido”. En otra composición le advierte a su hermano que “él está muy pollo y yo estoy muy gallo”. Adolfo Pacheco en el merengue “El Cordobés” celebra la casta de los gallos de su tierra San Jacinto advirtiendo que “ya está listo el pollo de la cuerda sabanera” para pelearlo “cuando haya concentración”. Beto Zabaleta y otros artistas del folclor vallenato se han ocupado de estos extraños animales que hacen de la vida una constante para morir, sin considerar el tiempo destinado para su existencia. Antonio “Toño” Zuluaga, pintor sincelejano dejó tantas obras mostrando la belleza y colorido de sus variados y resplandecientes plumajes mientras definía su suerte en una pelea, que no hubo en Sincelejo quien no quisiera poseer en su casa un cuadro de “TOÑO”, ya de toros, corralejas, flores, tambores, gaitas o gallos.

Pero, volvamos al glorioso “Medianoche”, animal que se fue convirtiendo con el empuje de su arrojo e inocultables señales de altanería en un atractivo de notoria influencia en cuanta gallera hacia presencia cautivando a legos y expertos seguidores de esta pasión que aumentaba cada vez que aleteaba lanzando su canto penetrante, envolvente y cautivador mostrándonos cuanta jerarquía se asomaba en la raza de la cual provenía, no exenta de la grandeza de su clase que no le ocultaba el genotipo de los que pelean hasta recoger los aplausos del triunfador. De ello hablan los combates que les tocó sortear hasta el clímax de una resonancia más allá de su patio, especialmente cuando perdió la mitad de su visión engendrando las expectativas por saberse cuándo encontraría la derrota.

Pero Don Olimpo optó porque el mito creciera impidiendo que mortal alguno presenciara el final que “Medianoche” no se merecía. A él no le iba a pasar lo mismo que al propietario del gallo protagonista en el cuento de Alejandro Álvarez cuando después de triunfales faenas, le gritaron desde la gradería, “Don miguel, Don miguel, déjelo pa´l sancocho”. “Medianoche” se quedó para siempre en el imaginario colectivo que aún sigue alimentando la leyenda hasta pasearse como un mito por las galleras donde se narran sus faenas sin que la derrota tuviera cabida en su vivencial existencia que no conoció la cobardía, haciendo de la temeridad y el coraje sus aliados hasta meterle miedo al contendor que entregaba su vida para gloria de la cuerda “La Locura” de Don Olimpo, que sus hijos mantienen vigente para seguir  con la tradición que distraiga con el sostenido canto de los intrépidos plumíferos y el recordar las hazañas del gallo emblemático de la cuerda, las angustias provocadas por un virus que por su agresiva letalidad, aun no conoce el miedo por no haber encontrado un enemigo de la talla de “Medianoche”, que en el cruce de las espuelas lo hubiera dejado tendido para dejar claro que en tal desafío, ningún otro gallo cantaría.

Por ello, no se sabe de derrota alguna, porque habiendo sido regalado por don Olimpo a uno de sus mejores amigos el doctor Andrés Arroyo Cajiao, propietario de la gallería “Palma Seca” en Cali, la epopeya siguió creciendo en las tierras azucareras y por todo el sur del país hasta aceptarse como ciertas las peleas que aun sigue dando para que la leyenda continue esparciéndose sin que aparezca el contendor que supere el sentimiento colectivo por un gallo que siendo mas que pluma y sobrada valentía, también está vigente en el alma de una afición que jamás aceptaría que “Medianoche” tuviera final. Hoy, seguramente será observado por los dioses del Olimpo, donde continua ofreciendo espectáculo, mientras las deidades descansan.

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