“METÁFORA DE LA AUSENCIA”

Por: Luis Paternina Amaya.

Pocos versos rescato de la poesía de Ricardo Vergara Chávez expresada en su más reciente libro “Metáfora de la ausencia”, que logren aumentar el interés por la vida. Los entresaco de reflexiones que nos hace el poeta para salvarme del mundo que describe con muy pocas posibilidades de vivirlo sin la alta dosis de pesimismo que transmite haciendo de la existencia un permanente deambular por la desesperación y el tormento. Escudriñar el libro en su conjunto es estrellarse contra un muro de lamentaciones que reflejan las vivencias de una realidad que navega en la metáfora del olvido, cuando ella debería ratificar la reafirmación del ser y no su negación poniéndolo a coexistir con la desesperanza y el sufrimiento. Para donde se fue la ilusión, la fe en un mejor presente, la fiesta que debe ser la convivencia.

Seguramente la poesía de Ricardo tenga toda la razón cuando hace de la percepción la más contundente de las experiencias con toda esa carga vomitiva que nos aleja del esplendor de la vida. Por ello, sin timideces la expone con dureza y sin aspavientos que siquiera lo distraigan usando el recurso del verso que aquí se torna descorazonador, aunque a veces adquiere la potencia y el mensaje que encierra toda poesía cuando se unta de sensibilidad, belleza, estética y armonía. Por ejemplo, “Lo bello es sublime si al tocarnos/nos distancia de la muerte”. “Una mujer sola/anuncia y convida a su jardín/mientras ilumina el mundo”. “Celebro ahora al perro/que se negó a matar para vivir”. Con estos poemas se le canta a la poesía y a la vida. De ellos se desprende un aroma a primavera, a mujer en el huerto de la sensualidad, a sonrisa que rompe en carcajada para que el mundo no se fugue por el sendero de la aflicción, a todo lo que nos espante la tristeza.

Haciendo un recorrido por el resto del poemario, parodiando el estilo del poeta, traigo las palabras más socorridas del mismo que resumo así:

“Oscura intensidad de lo intangible” /Naufragando obstinado/la muerte es misterio, silencio, soledad/difuso ocaso en ruinas/desgarrado la fatiga es desolación/incertidumbre y miseria obsesionan/enigmas y sombras abren el abismo/herrumbre designio nos hunde de dolor en el exilio/ “Ante tanta muerte y tanto olvido”.

En el marco de estas expresiones que suenan desalentadoras, me pregunto entonces ¿Qué es la vida? ¿Un permanente palpitar por el espeso ruido del silencio cuando las sombras nos cobijan?. O, por el contrario, ¿es la insistente búsqueda del color, la luz, la felicidad, la paz, el amor, la belleza, el progreso y cuanta dimensión desconocida nos ofrezca el universo?.

La desgarradora realidad que Ricardo me enseña con su mensaje contagia mi corazón de pesar y desconsuelo por no encontrar en sus versos el aliento que me devuelva el optimismo por enfrentarme a un mundo que ahuyente las penas. Por el contrario, me las trae sin que me vea reflejado en el paraíso que quiero. Con semejante capacidad para la denuncia, la prosa sería el recurso ideal para expresarla, dejándole a la poesía el vocablo que embellezca “el alfabeto de los días”.

Ojalá que con estos apuntes no se hagan interpretaciones que se aparten del mensaje poético aquí expuesto y, más bien, quienes los lean se dejen llevar de Cervantes cuando afirma que “No se ha de añadir aflicción al afligido”.

Para el poeta Giovanni Quessep, la sensibilidad que experimento frente al poemario que comento, podría ser señalada como un sacrilegio, dados los calificativos de “espléndido” y “de bellos poemas” como el reconocido bardo sanonofrino recibe el libro. No obstante mi apreciación aquí ofrecida, considero a Ricardo uno de mis admirados poetas sucreños que ha evolucionado hacia la censura por lo que lo rodea para que el silencio no lo haga cómplice.

Sincelejo, Sucre.

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