Prólogo al libro El Mundo Vallenato

Por: Jaime Calderón Brugés

Por primera vez me invitan a prologar una obra literaria. Mi amigo de siempre Jaime Baute Uhía lo ha estimado pertinente respecto de su trabajo “El mundo vallenato”.

Jaime nació el 26 de marzo de 1947. Hijo de doña Carlota Uhía Morón y el exgobernador señor Guillermo Baute Pavajeau padres, también, de Astrid, José Guillermo, Marta, María Dolores y Guillermo Arturo.

Descendiente de Nicolás Baute Hernández que, procedente de las Islas Canarias, llegó a Valledupar en los años finales del siglo XVIII. Su hijo Nicolás Baute de Oñate firmó el acta de independencia el 4 de febrero de 1.813.

Don José Uhía Luna, gallego, llegó a Valledupar muy joven a finales del siglo XIX. Contrajo matrimonio con Dolores Morón Torres. De este matrimonio nacieron: Miguel, Julio, Avelina, José Alfonso, Carlos Rafael, Rosa Dolores, Fernando, Agustín, Carlota, Isabel, María Cristina y Armando Uhía Morón. Carlota fue la madre de Jaime.

Siempre he creído que un prólogo debidamente elaborado, debe ser breve y sustancial, en lo posible, respecto de la temática de la obra. Es decir se debe brindar al lector la posibilidad de una perspectiva inicial, naturalmente discreta, desde la cual se estimule una comprensión personal y amplia del pensamiento del autor.

En primer lugar el título me parece acertado y consecuente con el contenido: el escenario de la narración; el Teatro Cesar y otros; Esperanza Gallón y Sofía Álvarez; barrio La Cagá; personajes de la calle; Hurtado; encuentros; El burro hechor de la Granja; El Callejón de la Purrututú; El Rey de los Bares; Los hospedajes, carnavales y capuchones; Cinco Esquinas; Café La Bolsa; Las Piedras; Los Cabas Pumarejo; Los espantos; Las fiestas; Petra Arias; El segundo bebedor de Maracaibo; Las cañahuateras; La llegada de los cachacos; Los colegios; Clases sociales. Distinción Club Valledupar; El algodón; Creencias – culturas; Las familias.

Personajes, ficciones, lugares y hechos determinantes e inseparables del más castizo talante del “país vallenato” y de su cultura popular.

Fuente primera de la historia es el testimonio presencial que origina la tradición oral. Ambos son susceptibles de la tergiversación subjetiva que desdice de la objetividad inherente al relato veraz.

Jaime desarrolla los temas de la obra partiendo de una percepción directa y personal y a la manera, entonces, de un testigo presencial. De aquí su gran valor como fuente histórica no sometida a las variaciones de las sucesivas versiones de los transferidores.

Desde el punto de vista formal me seduce su espontaneidad y su autenticidad. Sin falsas y artificiales pretensiones gramaticales ni literaria el autor recrea su relato como parte de un diálogo entre amigos confidentes. Con agresiva originalidad. Con valerosa  personalidad.

Al finalizar su lectura recordé la famosa frase: “El estilo es el hombre” escrita por el científico francés George Luis Leclerc, en el siglo XVIII, en sus palabras de posesión como uno de los 40 inmortales de la Academia Francesa. Y de verdad esa frase lo inmortalizó.

Leclerc al explicar su afirmación decía “que el estilo es lo que nos hace ser lo que somos. Es la expresión de nuestra individualidad como seres sociales”. Yo agregaría siguiendo a Leclerc que es nuestra imagen sicológica.

Jaime en su obra tiene el valor personal y literario de mostrarnos su estilo. Su retrato sin afeites. Sus relatos directos.

Yo me deleité con El mundo vallenato. Les recomiendo su lectura.

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