¿Cómo formar ciudadanos responsables y comprometidos?

Por: Carlos Alberto Maestre Maya.

Cada vez se habla más y más de derechos, comenzando por los derechos humanos; otros derechos de carácter colectivo, inclusive de los derechos económicos y sociales como los que se establecen en la Constitución Política de 1991. Pero poco, muy poco o casi nada se habla de deberes. A veces pareciera que se nos olvidara, que también tenemos deberes como ciudadanos comunes y corrientes; deberes que van más allá de los que obligatoriamente fija la ley, como respetar las normas, en general, pagar los impuestos, y elegir y ser elegidos.

En Colombia, en general; pero mucho más acá en ciudades como Valledupar, la gente con la que uno frecuenta en distintos círculos sociales, foros, en los tertuliaderos de algunas casas y cafeterías, en los velorios, la gente conversa sobre lo divino y lo humano, sobre todos los problemas del país, pero la gran mayoría lo hace, o lo hacemos?, en tercera persona, como si todos esos problemas no fueran con nosotros: el proceso de paz, la lucha contra la inequidad y la pobreza, el problema del campo, la inseguridad, la calidad de la educación, la crisis de la salud, etc. Hablamos de todo…pero como si esos mismos problemas no nos tocaran; en el fondo hay una gran indiferencia o importa…

La indiferencia es general; más allá de las palabras a nadie pareciera que le importara, en serio, los problemas de fondo. Puede ser una crisis de la democracia moderna. El exvicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, Premio Nobel de la Paz y un agudo analista de los problemas de su país y al mundo, señala en su libro “El Ataque a la razón”, muchas fallas del sistema político norteamericano, entre otras la falta de una ciudadanía bien informada y responsable, que – en verdad- se interese por los problemas públicos colectivos, los temas de interés general.

Al Gore, insiste en que el gran capital gana día a día más poder, y ambos poderes: la riqueza y poder político cada vez se unen más, en detrimento de los intereses de las mayorías y afectando un sistema político cuyos padres fundadores esperaban que estuviera dirigido a resolver los problemas de las mayorías, y no los intereses legítimos pero privado de  unos pocos.

Señala Gore que la gente en los EEUU cada vez lee menos periódicos, se informa solo a través de la televisión o de la internet y las redes sociales, pero de manera aislada y tan fragmentada y que así la democracia termina en mano de los creadores de imágenes y no de verdaderos y serios líderes populares.

Si eso sucede en los Estados Unidos, con un sistema político liberal y de avanzada, que podemos esperar en países como el nuestro. La gente cada vez lee menos periódicos, se medio informa por televisión y muy pocos saben utilizar bien el internet y otros canales. Los chismes de la farándula y las cosas triviales tienen más interés que los problemas gruesos.

Y el gobierno presenta un proyecto de reforma constitucional que habla de equilibrio de poderes, de prohibir la reelección presidencial que tanto daño nos ha hecho, pero no va más allá de proponer el voto obligatorio. No habla de fortalecer los partidos y las organizaciones de la sociedad civil, como se contempla en la misma Constitución del 91 cuando se habla de la democracia participativa.

No se puede negar que es grande la responsabilidad de quienes manejan algunos organismos del Estado en esa indiferencia; tantos escándalos de corrupción, tanta ineficiencia y tanta indolencia frente a los verdaderamente necesitados, lleva a la alta abstención política que tenemos y que el manejo del Estado poco o nada les interese a los jóvenes.

Empero, también hay que decirlo: la desidia la que reina entre la mayoría de la gente, es culpa de esa misma ciudadanía. Y en esa situación es mucha la responsabilidad que tenemos muchos periodistas y medios de comunicación que deberíamos ser las antorchas y los tábanos frente a tanta indiferencia, pero motivados por el facilismo y el mercadeo fijamos una agenda evasiva y  los problemas complejos y serio no le hacemos suficiente seguimiento.

Hay que volver a insistir, de muchas maneras, para que la gente se pellizque. Ayudar a formar una ciudadanía comprometida con su destino, con su futuro, con el diseño de las políticas públicas que nos afectan a todos y que no se puede conformar con a ir a las urnas, como borregos,  cada cuatro años a elegir a los mismos con las mismas.

La política no es sólo acudir a las urnas, sino que implica también formar nuevos líderes para el sector público y privado, inclusive para la academia; formar y construir organizaciones, gremios y ONGs, que – desde la sociedad civil- le exijan a quienes manejan al Estado rendición de cuentas y que, además, ejerzan un verdadero control social y político sobre los asuntos públicos.

Basta ya de tanta indiferencia, no vaya a ser que nos pase como al pasajero que iba en el avión y le dijeron que este se iba a caer y tuvo el desatino de decir que no le importaba porque el avión no era de él. Hay que trabajar para formar nuevos liderazgos, construir, desde los colegios, las escuelas y las universidades y demás centros de formación, una ciudadanía más organizada y mejor informada.

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