Renta Básica Universal: necesaria no sólo por la pandemia 

Por Carlos Augusto Rojas Castaño

“21 lecciones para el siglo XXI” es un novedoso libro del historiador, profesor y brillante escritor -de los que más libros vende en todo el mundo actualmente-, Yuval Noah Harari. Una de esas lecciones tiene que ver con el empleo para la gente en el futuro no muy lejano de mediados de este siglo, en medio del asombroso desarrollo tecnológico del cual ya somos testigos: “Cuando te hagas mayor, puede que no tengas un empleo”, advierte, aunque matiza la advertencia diciendo que “los temores de que la automatización genere un desempleo masivo se remontan al siglo XIX, y hasta ahora nunca se ha materializado”. Sin embargo, un escenario laboral incierto para millones de personas en todo el mundo ya se está notando.

En otro de sus tres magníficos libros -‘Breve Historia del Mañana’- dice Harari: “En el siglo XXI podemos asistir a la creación de una nueva y masiva clase no trabajadora: personas carentes de ningún valor económico, político o incluso artístico, que no contribuyen en nada a la prosperidad, al poder y a la gloria de la sociedad. Esta ‘clase inútil’ no solo estará desempleada: será inempleable”.

Ese preocupante horizonte sería la consecuencia del impresionante avance de la tecnología, que arrasa con todo lo viejo que encuentra en su vertiginoso recorrido como una avalancha que desciende de un volcán en erupción: la infotecnología, la biotecnología, la ingeniería genética, la nanotecnología, los robots, la inteligencia artificial, el Big Data, un sistema económico hiper tecnológico, el Internet de Todas las Cosas, que es un sistema de procesamiento de datos nuevo, más completo, más eficiente y con más perspectiva que el internet actual.

Dice Harari: “En 2050, no sólo la idea de un trabajo para toda la vida, sino también la idea misma de una profesión para toda la vida podrían parecer antediluvianas”.

“Hacia 2050 podría surgir una clase inútil debido no simplemente a una falta absoluta de trabajo o a una falta de educación pertinente, sino también a una resistencia mental insuficiente”.

Para hacer aún más crudas sus predicciones, el ilustre profesor Harari dice que la inteligencia artificial (IA) está a punto de suplantar y superar a los humanos en lo que hasta ahora eran habilidades únicamente humanas.

Entonces, es obligatorio hacer la pregunta: ¿De qué van a vivir los millones de trabajadores que serán reemplazados por los robots y que quedan convertidos en unos “analfabetas” dentro de un mercado laboral completamente nuevo y altamente exigente? Además, ningún empleo humano que quede estará jamás a salvo de la amenaza de la automatización futura, porque con la revolución tecnológica los algoritmos, la IA, los robots, etc, seguirán mejorando.

El libro “21 lecciones para el siglo XXI -tan apasionante que lo he leído dos veces- habla de muchas profesiones y oficios que van a desaparecer: una cajera de un supermercado -El Éxito o Carulla, por ejemplo- “de cuarenta años que se quede sin empleo y que con esfuerzos sobrehumanos consiga reinventarse como piloto de drones podría tener que reinventarse de nuevo diez años después, porque entonces quizá el vuelo de los drones también se habrá automatizado”. Eso, agrego yo, ya está ocurriendo con los drones de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Hasta en el fútbol apareció un instrumento tecnológico impensable hace unos pocos años: el VAR, y es apenas el comienzo de un camino que podría dejar a los árbitros sin trabajo.

Este libro fue escrito antes de la pandemia, y ya el autor estaba hablando de la necesidad de crear la Renta Básica Universal para que los Estados graven a los multimillonarios y a las grandes empresas tecnológicas, y con ese dinero ayudar a los desempleados a cubrir sus necesidades básicas. Esto, dice Harari, “atenuaría la pérdida de empleo de los pobres y sus problemas económicos, al tiempo que protegería a los ricos de la ira popular”.

Conocidos los estragos del Covid19 en la economía mundial, la ira de la gente desempleada y con hambre es el preámbulo de la ira que vendrá a mediados del siglo -ya casi- por el desplazamiento de los seres humanos en las fábricas y empresas de todo tipo por la llegada de la IA, los algoritmos, los robots, etc.

En países como Colombia el Ingreso Solidario, recientemente aprobado, es un remedio casero para que la pobreza vuelva a los niveles pre pandemia. Algo es algo, por supuesto, y eso es mucho: la medición de resultados ha demostrado su efecto en la mitigación de la crisis social provocada por la pandemia en la población vulnerable y en situación de pobreza.

Y queda pendiente pensar sin pérdida de tiempo en la fórmula para atender los efectos de la “pandemia” de la inteligencia artificial -con sus sorprendentes variantes tipo Delta-, que está a la vuelta de la esquina: dentro de unos 25 años o menos.

Bogotá, Colombia.

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