SETENTA Y TRES AÑOS DESPUES

Por: Aroldo Pizarro Lopez

En el año 1948 Sincelejo tenía un relativo progreso, en medio de una gran presión demográfica que lo colocó como una ciudad intermedia del antiguo Bolívar grande, con más de 40.000 habitantes, que se dedicaban al comercio, la pequeña industria y la producción agropecuaria. Para esta época se inició en todo el territorio nacional un periodo conocido como la violencia que se

extendió por todas las regiones, de la cual no fue ajeno la capital de la sabanas (Sincelejo), con trifulcas entre partidarios de los colores azul y rojo, éxodo de capitales para la ciudad de Barranquilla donde crearon empresas que hoy permanecen en la puerta de oro de Colombia.

A mediados del año 1948, después de trasegar en las tierras del Tolima como militar, llega a Sincelejo el capitán del glorioso Ejército Nacional Carlos Payares De La Hoz, como alcalde cívico militar con el objetivo de controlar los actos de violencia que habían adquirido características propias en algunas regiones del país.

El capitán Payares, es recordado por haber hecho una parada militar en el parque Santander de la capital del hoy Departamento de Sucre, y recalcar que su presencia en Sincelejo era para evitar y solucionar los hechos de violencia generados por las disputas entre conservadores y liberales. Por ello, invitó al pueblo a dejar de lado las diferencias de partidos y trabajar por esta región, para sacarla adelante. Dedicándose en su gobierno a ejecutar obras civiles de pavimentación de calles, con los recursos del pago de las multas que se le imponían a los contraventores de las normas de convivencia, e impedir el éxodo de capitales para la ciudad de Barranquilla, para lo cual apoyó a los empresarios nativos y los inmigrantes que tenían inversiones en Sincelejo.

Setenta y tres años después del periodo conocido como la violencia, la dirigencia Nacional intentó erradicarla mediante reformas políticas audaces como la alternancia en el poder por los dos partidos conocido como el Frente Nacional, la elección de una asamblea constituyente que aprobó una nueva Constitución en 1991 y los distintos acuerdos de paz. Sin embargo, aquella violencia aún persiste, muy a pesar de la esperanza de todos los colombianos de eliminarla para siempre de nuestro suelo y de nuestras mentes, que, como un fantasma, no solo aparece cíclicamente, sino que se ha mantenido palpitante en todo tiempo, valga decir, que la intensidad de la violencia al día de hoy se encuentra focalizada en determinadas regiones del país con actores que dejaron de ser partidistas para dedicarse a otras actividades ilícitas.

Comportamiento este, que, como una premonición, se empeñó el Capitán Payares en que no evolucionara, evitando desde un principio que se neutralizaran los ímpetus violentos de algunos dirigentes que alimentaban al pueblo de falsas expectativas sobre presupuestos ideológicos que incendiaban las pasiones con el ingrediente de una ausencia de alfabetismo y, en general, de una educación de la cual la población adolecía. Sincelejo para aquella época no fue el escenario para estos profetas del miedo y el atraso, precisamente por los procedimientos puestos en práctica por el Capitán Payares priorizando el diálogo y la convivencia, que de haberse puesto en práctica como una política de Estado, los resultados al día de hoy se hubieran evaluado como una Colombia más pacífica y desarrollada.

Sincelejo, Sucre

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