UN CARIBE PRESIDENTE

Por: Aroldo Pizarro Lopez

Después de Rafael Núñez, el Caribe no ha tenido otro presidente en sus doscientos años de República. Por ahí se asomaron Evaristo Sourdis con una aspiración que frustró la convención de su partido que impuso a Misael Pastrana, que hasta le alcanzó para ungir con semejante responsabilidad a su hijo Andrés.

No sé cómo se le coló a los Andinos y herederos del poder presidencial la figura de Juan José Nieto que hasta le maquillaron el color a la pintura que de él se exhibe en la casa presidencial para acercarlo al caracterizado de quienes habitan las tierras altas, para no borrarlo definitivamente de la galería que colecciona los retratos de presidentes.

Algunos otros como José Fernández Madrid, José María Del Castillo y Rada, y Manuel Rodríguez Torices, cartageneros, hicieron parte de sendos triunviratos que gobernaron a la incipiente Republica en 1814 y 1815. En la era moderna, solo el vicepresidente, Gustavo Blel rozó el poder, pero ¿Para qué sirve un “vice” si el “presi” no renuncia, lo inhabilitan o se muere?, pregunta para Oscar Alarcón que escribió un excelente libro sobre esta figura que su título lo dice todo: “Los segundos de abordo”. Siempre serán segundos y sin poder. Por ello, la Mojana se quedó esperando su inclusión en las grandes inversiones, a fin de superar sus problemas, tal como lo prometió en las propuestas preelectorales. La academia lo absorbió.

Y pare de contar. Es el tiempo de cobrar esta deuda. No más centralismo ni falsas expectativas con la Región Caribe que por sus artistas, deportistas, empresarios y hombres de letras se ha hecho visible el nombre de Colombia en el mundo por razones humanísticas y no por conductas que han despreciado la moral, la ética y las buenas costumbres.

En estos tiempos de desafíos tan exigentes, gigantes y complicados de superar, los presidentes deben escogerse, seleccionarse, elegirse, preferirse, designarse (Gossaín me ayudaría a encontrar el sustantivo perfecto), por sus ejecutorias y probada capacidad e imaginación para sintonizarse con la dinámica del progreso, y no por los títulos que Universidades extranjeras entregan, ni por la coyuntura única de ser un delfín heredero del poder imponiendo de facto una sucesión presidencial antidemocrática que se limpia con una elección montada sobre la facilidad con que se dirige a un pueblo hacia las urnas usando todos los medios que la tecnología hoy nos ofrece que, antes que ilustrar, embrutece y somete hasta la adicción por su capacidad de penetración y seducción.

El ataque de las plagas que nos azotan como los virus, las migraciones, el calentamiento  ambiental poniendo en peligro el agua y el oxígeno, las evidentes injusticias sociales y hasta la existencia de un ser humano que con las nuevas tendencias se vuelve más indolente, no son manifestaciones como para estar eligiendo a nuestros gobernantes por linajes ya aplastados por la historia, convencionalismos de partidos cuyas intenciones de servicio público se quedan enganchadas al papel y a los discursos, ni a políticos profesionales con propuestas adornadas que se tornan estériles para el beneficio colectivo, pero útiles para sus intereses particulares, sin descontar hasta la arrogancia que se suma aumentándole su satisfacción personal.

Estamos en el momento histórico para seleccionar a un Presidente práctico, más que científico.

Los políticos embotados por la teoría no encuentran el camino para conectarse con la realidad que los supera, precisamente porque su experiencia se reduce a todo lo que le ha trasmitido la academia que no es tan aleccionadora y diciente como la realidad que termina desbordándolos, pero sumida en sus mismos problemas y desafíos.

Apelando a las posibilidades de que el Caribe habite el palacio presidencial a través de uno de sus hijos en el 2022 después de más de cien años de soledad, no lo encuentro sino en el nombre de Alex Char, curtido administrador de la cosa pública que en su tránsito fugaz por la Gobernación del Atlántico y Alcalde de Barranquilla por ocho años, llevando a esta Ciudad hasta los límites de convertirla en un símbolo de progreso en Colombia y, por supuesto, en todo el Caribe.

Colombia requiere de un presidente experimentado y practico con sentido comunitario que haga del gasto público un pilar para que la inversión supere cuanto ataque sufre la justicia social: Alex Char.

Sincelejo, Sucre, 6 de febrero de 2021

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