Un Nuevo Intento

Amylkar-Acosta1Amylkar D. Acosta M[1]

Enhorabuena el Plan de Desarrollo Todos por un nuevo país volvió a poner en la agenda nacional la competitividad, como algo esencial para el crecimiento y el desarrollo del país. En las postrimerías  de la administración Barco, ante la nueva realidad de la internacionalización de la economía, se llegó a la conclusión de que para la inserción exitosa de nuestra economía en las corrientes de comercio a nivel mundial se precisaba de la modernización, la reconversión y la relocalización de la industria nacional. Nada de eso se hizo, se quedó en los buenos propósitos. Más recientemente, se creó el Sistema Nacional para la Productividad y la Competitividad, dándole vida a las Comisiones Regionales de competitividad (CRC). Estas hicieron su tarea y el consolidado quedó plasmado en la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC), la cual fue a parar a los anaqueles oficiales. Poco o nada de lo que allí quedó plasmado se hizo. Bien dijo Andrés Oppenheimer en su momento que Colombia estaba “demasiado obsesionada con los TLC y poco obsesionada con la productividad”.

Los resultados están a la vista, Colombia permanece estancada, aletargada en materia de competividad; en el más reciente reporte del escalafón del Foro Económico Mundial (FEM), a duras penas pasó del puesto 69 al 66 entre 144 países evaluados. El aumento de la productividad de los factores entre 2003 y 2011 rozó el 1%; a ese ritmo cuándo podremos recortar la distancia con respecto a los EEUU, siendo que para 2009 la productividad relativa promedio del aparato productivo colombiano con respecto al de EEUU era de 23.8%. Desde entonces en lugar de reducirse la brecha en materia de competividad entre Colombia y EEUU esta se amplía. No es de extrañar, entonces, los pobres resultados para Colombia del TLC que se firmó con EEUU con la ilusión de llegar con nuestros productos a más de 300 millones de consumidores con gran poder adquisitivo.

Nos lo advirtió hace rato el experto Ricardo Hausmann “una condición para el desarrollo está en que la base productiva sea diversa y, sobre todo, sofisticada. A Colombia claramente le falta de los dos elementos”. Esta circunstancia, aunada al hecho de que la industria y el sector agropecuario en Colombia se vieron impactados durante casi una década a los deletéreos efectos de la enfermedad holandesa, explican el freno del desarrollo. Pero también explica que ante la destorcida de los precios de los productos básicos y la apreciación del dólar frente al peso el sector productivo colombiano no ha podido reaccionar y de allí que no sólo siguen cayendo las exportaciones de petróleo, carbón, oro y ferroníquel sino también las no tradicionales.

 

De allí la importancia del paso que se ha dado al institucionalizar el Sistema único de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación y el renovado impulso que reciben las CRC. Además, se le ha dado un gran empoderamiento en la medida que se dispuso que estas serán los únicos interlocutores en tratándose de Agenda Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación. Con tanta responsabilidad como la que ahora se le atribuyen a las CRC, además de su fortalecimiento, se hace menester su articulación como Sistema, de tal manera que operen en red, amén de su necesario acoplamiento con el Sistema General de Regalías (SGR). Y hablando de articulación, se echa de menos en la Ley del Plan la representación de las regiones en el Comité ejecutivo nacional de Competitividad, como tampoco en la Comisión Intersectorial de Infraestructura y Proyectos estratégicos. Manes del centralismo!

Esperamos que esta vez este nuevo intento no sea flor de un día, que pase al olvido una vez que nos pase el susto por el devastador impacto en la economía y en las finanzas debido a la gran vulnerabilidad que significa depender de tan pocos renglones de exportación (fundamentalmente materias primas) y de tan pocos mercados. La lección que nos debe quedar bien aprendida es que la sostenibilidad del crecimiento de la economía y la única manera de no estar expuestos a estos sobresaltos, es contando con un aparato productivo cada vez más moderno, diversificado, sofisticado y, sobre todo, competitivo. Este es el camino y sólo el que persevera alcanza lo que se propone.

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